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Noticias sobre el trastorno límite de la personalidad.
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La incidencia del Trastorno Límite de Personalidad (TLP) en 1995 se encontraba en el dos por ciento y, en la actualidad, se habla del 3,5 por ciento, lo que representa un aumento "considerable", según informó a Europa Press la vicepresidenta y psicóloga directora de la Fundación Regional Murciana de Ayuda e Investigación del Trastorno Límite de Personalidad (ARMAI-TP), Iluminada Ramos.
Desde la puesta en marcha de esta asociación, la única de todo el levante español, en octubre de 2006, ha registrado 114 pacientes en 2007, que pasaron a ser 138 en 2008, para volver a 118 casos en 2009, entre pacientes y personas que acuden para recibir información o empezar a trabajar a nivel familiar. En la actualidad, la Fundación atiende a 70 pacientes, entre los casos de los menores y adultos.
Quien padece este tipo de trastorno presenta "una elevada sensibilidad ante estímulos emocionales, que experimentan de manera muy intensa, hasta el punto que, para huir del malestar que producen, se refugian en conductas que le alivian momentáneamente ese malestar, como la promiscuidad, el juego, las compras inútiles, el alcohol, las drogas e, incluso, autolesiones".
Según explica Ramos, especialista en TLP, pese a que los pacientes que padecen este tipo de trastornos experimentan emociones muy intensas, suelen tener muchas dificultades en identificarlas y expresarlas, lo que en muchos casos genera un efecto "olla a presión" y desencadena reacciones intensas de ira ante estímulos aparentemente insignificantes.
En este sentido, Ramos manifestó que la enfermedad aparece en el inicio de la edad adulta, en torno a 18 y 20 años, con la irrupción de las autolesiones, las conductas parasuicidas, crisis emocionales más intensas, consumo de tóxicos, y el primer contacto con los profesionales de salud mental, y los pacientes suelen experimentar temores a ser abandonados, relaciones interpersonales inestables, problemas de identidad e impulsividad.
De la misma forma, quienes padecen el trastorno suelen presentar comportamientos, intentos o amenazas suicidas recurrentes o comportamientos autolesivos, inestabilidad afectiva, irritabilidad o ansiedad, ira, angustia, sentimientos crónicos de vacío emocional, ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira, así como ideación paranoide transitoria.
En este sentido, Ramos admitió que un TLP aislado o puro "no va sólo, sino que tiene mucha morbilidad asociada a las depresiones, la ansiedad, los intentos de suicido, de trastornos de alimentación o consumo de tóxicos". "Tienen una problemática tan amplia que es muy complicado para los pacientes, y para trabajar con los trastornos a nivel profesional".
Ramos precisó que la enfermedad "puede afectar a cualquier persona, aunque antes la llamaban la enfermedad de los ricos". No obstante, ratificó que su incidencia "va en aumento porque está muy motivada por la reestructuración familiar y el hecho de la falta de límites a los menores, que cada vez más desean tenerlo todo en el momento, sin ningún tipo de restricción".
De todas formas, determinó que la enfermedad "no tiene nada que ver con el estrato social". De hecho, manifestó que no hay una única causa del trastorno, cuyo origen tiene un componente genético e influencia del entorno, y distintos estudios han demostrado que las vivencias que son traumáticas, los maltratos de todo tipo y los estilos educativos están muy relacionados con que aparezca.
FUNDACIÓN ARMAI-TP
ARMAI-TP nació en enero de 2006 como Asociación Regional Murciana de Ayuda e Investigación de Trastornos de la Personalidad motivada por un colectivo de padres cuyos hijos estaban afectados por TLP y no encontraban en la Región medios y estructuras suficientes para que sus hijos fueran atendidos de la forma en que precisaban.
De hecho, en la actualidad, Ramos indicó que la Fundación es la única encargada de este tipo de trastorno en la zona de Levante, puesto que la más cercana se encuentra en Castellón, y a ella acuden pacientes de todas las comunidades autónomas vecinas, como Alicante, Almería, Albacete y Granada.
En enero de 2009, ARMAI-TP se pasó a constituir en Fundación porque la asociación "se quedaba corta por el tipo de problemática y los servicios requeridos", de forma que, con la nueva identidad, podía cubrir mejor las necesidades de los pacientes y de las familias, así como seguir creciendo con otros planes de futuro que una Fundación puede atender mejor.
La Fundación trabaja con pacientes de TLP, así como con sus familias, y cuenta con un programa conveniado con la Dirección General de Familia y Menor, mediante el que trabaja en la prevención de este trastorno hasta los 18 años, de forma que los servicios sociales les derivan todos los casos de menores con indicios del trastorno.
Al respecto, Ramos consideró que "hay una serie de indicadores en los menores que hacen pensar ya que no son sólo comportamientos en la adolescencia, sino que va más allá y se puede empezar a trabajar en la prevención", aunque puntualizó que "la personalidad está todavía en formación en la adolescencia y el trastorno no se debe diagnosticar hasta la mayoría de edad".
Para determinar que alguien padece este trastorno, la psicóloga indicó que los profesionales evalúan seis módulos, que contemplan la mala adaptación, tanto social como escolar, así como los comportamientos antinormativos, que haya un déficit en la regulación de los afectos, que haya una elevada impulsividad, que aparezcan tentativas de suicidio repetidas y que haya depresión.
Asimismo, Ramos dijo que este trastorno "también está muy asociado a la hiperactividad, porque hay un 30 por ciento de los menores diagnosticados de hiperactividad que, de mayores, desarollan un TLP", por lo que estimó "muy importante" trabajar en la prevención de este colectivos.
Para tratar a los pacientes, la Fundación cuenta con un programa de 50 sesiones semanales, cuya duración es anual, y que tiene un formato "bastante práctico, consistente en llevar deberes y trabajos para casa". Para que un paciente esté curado "debe normalizar lo máximo posible cualquier aspecto de su vida, sus relaciones con amigos, familia, trabajo y estudios".
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María José Falagán, madre del joven fallecido tras abandonar Cabueñes, reivindica centros especializados que eviten más tragedias similares
«Mi hijo no era un delincuente, sino un enfermo mental, que es muy distinto». Con la amargura natural en quien acaba de perder a un hijo, a «mi único hijo», María José Falagán alzó ayer la voz ante un suceso dramático. Una tragedia que, a su juicio, pudo evitarse si hubieran existido recursos sanitarios y decisiones judiciales adecuados a la realidad de un joven aquejado desde niño de un trastorno limite de la personalidad que convirtió en un calvario tanto su vida como la de su madre.
Una tragedia que -repite una y otra vez la mujer- «no debe repetirse», y por eso reclama a las autoridades instrumentos que permitan dar respuesta a casos como el de su hijo. «Ya no voy a recuperar a mi hijo, pero hay otras muchas personas que están en una situación semejante y requieren atención», argumenta María José.
Consumo de drogas legales e ilegales, intentos de suicidio, violencia hacia su madre hasta acumular tres órdenes de alejamiento. Los 28 años de travesía vital de J. M. C. F. concluyeron el pasado jueves en circunstancias trágicas. Hasta el momento, todo es confuso, pero la secuencia de los hechos apunta a que el joven había sido ingresado en el Hospital de Cabueñes, solicitó el alta voluntaria o se fugó sin más, salió a la calle y fue localizado horas más tarde con sus facultades mentales visiblemente alteradas y con síntomas aparentes de consumo de sustancias tóxicas. Asimismo, presentaba heridas en las manos y en la barbilla que hacen barruntar un atropello. Trasladado de nuevo a Cabueñes, ingresó en coma y, pese a un conato de recuperación, finalmente falleció.
El suceso está siendo investigado por la unidad de delincuencia especializada y violenta del Cuerpo Nacional de Policía. Hasta el momento, la madre del fallecido carece de datos. «Hoy (por ayer) he leído en los periódicos muchas cosas de mi hijo de las que yo no he sido informada; nadie me ha explicado nada», lamenta María José Falagán.
El viernes, mientras velaba a su hijo en el tanatorio ovetense de Los Arenales, María José -viuda- aparentaba tranquilidad, tal vez una combinación de entereza, dolor infinito y alivio. Con la voz templada, comentaba que ella misma había entrado, sola, a reconocer el cadáver de su hijo.
Quedaban atrás dos décadas de enorme zozobra. Fue sobre los ocho años cuando J. M. C. F. comenzó a dar los primeros síntomas de trastorno mental. «La enfermedad se le agudizó a los 14 años y en los últimos tiempos estaba a tratamiento psiquiátrico», relata María José. Fue una peregrinación por centros privados, porque «la sanidad pública no nos ofrecía ninguna solución», agrega la mujer, que se vio obligada a gastar lo que tenía y lo que no tenía.
Eso sí, matiza: «Nos ayudó muchísimo un psiquiatra de Gijón de la Seguridad Social». Ese especialista «siempre nos repetía que mi hijo debería estar ingresado». No fue posible, y eso que «yo misma solicité en el juzgado que lo internaran y nadie me hizo caso», comenta la mujer.
Recientemente, el joven y su madre habían acudido a Proyecto Hombre. «Él estaba dispuesto a quedarse para iniciar un tratamiento, pero no le admitieron porque dijeron que su caso no se ajustaba a las características del programa», refiere. «Se disgustó mucho, creo que esa negativa lo desquició aún más», precisa la madre del joven. «No era un delincuente», repite una y otra vez María José Falagán, quien añade: «Tuvo problemas judiciales por meterse en peleas, pero nunca robó».
Para apuntalar sus palabras, sugiere acudir a internet y buscar las siglas TLP (trastorno limite de la personalidad). En efecto, uno de los portales de mayor difusión define el TLP, también llamado «borderline», como una alteración psiquiátrica «que se caracteriza primariamente por desregulación emocional, pensamiento extremadamente polarizado y relaciones interpersonales caóticas». El cuadro clínico abarca manifestaciones como paranoia, relaciones y afectividad inestables, impulsividad, perturbaciones de la identidad o conductas suicidas o parasuicidas.
María José Falagán ha experimentado en carne propia que el párrafo anterior no es mera teoría. Ya nadie le quitará de encima veinte años de intenso sufrimiento. Sólo reclama que «alguien haga algo para que otras familias no pasen por esta espantosa experiencia».
Fuente: Pablo Ávarez, La nueva España