Trastorno límite de la personalidad

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Trastorno delirante

 

¿Qué es el trastorno delirante?

El trastorno delirante es un trastorno psicótico que se caracteriza por la presencia de una o más ideas delirantes sin que se produzca otra patología significativa.

Estas ideas delirantes deben persistir como mínimo un mes y no deben ser la consecuencia directa del consumo de algún tipo de sustancias o enfermedad médica.

Las personas que tienen trastornos delirantes están firmemente convencidas de cosas que no son realmente ciertas. Por ejemplo, creer que son buenos escritores y que le han concedido un premio Nóbel o pensar que están siendo perseguidos y que hay personas que quieren hacerles daño.

Síntomas

Quienes padecen este trastorno presentan ideas ficticias o creencias falsas y están absolutamente convencidas de que están sucediendo, cuando realmente no es así.

Estas ideas se denominan "delirios" y, en ocasiones, llegan a atosigarla tanto que pueden inducirle a hacer cosas extrañas.

Los delirios pueden llegar a producir un gran tormento y angustia. Entre estas ideas, se incluyen situaciones que podrían suceder en la vida real, como ser perseguido, ser protagonista de un complot, ser envenenado o ser engañado por su pareja.

O bien, situaciones prácticamente imposibles que sucedan y que no ocurren en la vida cotidiana como creer que son el personaje de alguna novela o que han sido elegidos para salvar al mundo del mal, son las denominadas ideas delirantes extrañas.

Generalmente, hay un factor ambiental que favorece el desarrollo de las ideas delirantes.

Características de las personas con delirios

  • Son personas con una idea o creencia muy persistente que influyen de forma muy directa en su vida cotidiana.
  • Normalmente, la actividad laboral y social de quienes sufren este trastorno no se ven afectadas, salvo que las ideas delirantes guarden relación con alguna de estas actividades o según el tipo de delirio. No obstante, la mayoría de las personas que sufren este trastorno desarrollan un estado de ánimo irritable, incluso pueden llegar a tener comportamientos violentos.
  • Son muy reservados y guardan un cierto secretismo a la hora de hablar sobre su delirio.
  • Son personas, en muchas ocasiones con ideas incoherentes y desorganizas, pero con pleno sentido para ellos.

Diferentes tipos de ideas delirantes

En función del contenido del delirio, se clasifican en diferentes tipos: de persecución, de grandioso, somático, etc.

  • Tipo persecutorio. Es el más frecuente. Quien lo sufre está plenamente convencido de que es objeto de un complot, que está siendo espiado y perseguido.
  • Tipo grandioso. Se considera así mismo una persona importante porque cree que ha realizado algún gran descubrimiento, que tiene un talento extraordinario o que ha sido el protagonista de algún acontecimiento importante. Creen que son grandes científicos, banqueros, escritores, etc.
  • Tipo somático. Este tipo afecta a los sentidos. La idea más frecuente es el pensamiento de que una parte de su cuerpo desprende mal olor o que tiene algún parásito interno o caminando por su piel.
  • Tipo celoso. El objeto fundamental de este delirio es el convencimiento de que su pareja le es infiel. Este convencimiento está basado en suposiciones incorrectas y en pruebas inciertas. El gran problema de este tipo de idea delirante es que puede llegar a agredir físicamente a su pareja.
  • Tipo erotomaníaco. Quien lo sufre cree que otra persona está enamorada de él o de ella. Por lo general, tienden a ponerse en contacto con esa persona a través de llamadas de teléfono, mensajes de móvil, cartas, regalos, etc. Normalmente, la persona objeto de dicha idea ocupa un estatus superior, aunque también puede ser un desconocido.

Tratamiento

Existen tratamientos que pueden ayudar a aliviar los síntomas, reduciéndolos y ayudando a la persona a pensar con más claridad.

Es muy importante que los medicamentos no se dejen de tomar aunque la persona afectada se sienta mejor, ya que, si los suspende, lo más seguro es que los síntomas vuelvan.

Es aconsejable visitar periódicamente a un psicólogo o psiquiatra como parte del tratamiento, con el fin de que le ayuden y orienten a entender esos pensamientos y así poder controlarlos mejor y aprender, también, a prevenir problemas futuros.

Autor: Trinidad Aparicio Pérez. Psicóloga. Especialista en infancia y adolescencia.

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