Trastorno límite de la personalidad

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Los expertos abordan en Castellón las terapias para el tratamiento de esta enfermedad


Más de setenta especialistas en Psiquiatría y Psicología han participado en Castellón en un taller en el que se abordó la terapia dialéctico-comportamental para tratar el trastorno límite de la personalidad, una enfermedad que afecta al 2 por ciento de la población general y que supone una inestabilidad en las emociones, las relaciones interpersonales y la identidad.

En el taller, organizado por el área de Salud Mental del Hospital Provincial de Castellón, participaron el doctor Francisco Traver y los psicólogos Azucena García y Heliodoro Marco.

Traver, director del área de salud mental del Consorcio, ha explicado que en el trastorno límite de la personalidad aparece una marcada predisposición a actuar de un modo impulsivo.

Asimismo, se caracteriza por una significativa alteración de la identidad, que se manifiesta por incertidumbre ante temas vitales, lo que lleva a los pacientes a una sensación de vacío. Los pacientes también pueden reaccionar de forma muy exagerada e incluso violenta al recibir críticas o al ver frustrados sus actos impulsivos.

Además de la inestabilidad emocional y la ausencia de control de impulsos con autolesiones y explosiones de violencia, este trastorno se caracteriza por un comportamiento amenazante y chantajista.

Los pacientes con trastorno límite de la personalidad también pueden implicarse en relaciones intensas e inestables y tienen unas relaciones interpersonales que pasan de la idealización a la devaluación.

Es también frecuente en los pacientes el abuso de sustancias estupefacientes como vía de escape, así como los reiterados intentos de suicidio.

En este encuentro, los especialistas expondrán las características de la terapia dialéctico-comportamental, uno de los programas de tratamiento que ha recibido mayor apoyo empírico y que ha sido desarrollado hace unos diez años por la doctora Marsha Linehan y su grupo de investigación en la Universidad de Washington, en Estados Unidos.

Azucena García, una de las expertas sobre esta terapia en nuestro país, ha explicado que el objetivo fundamental de este tratamiento es que el paciente aprenda a regular la emocionalidad extrema, que reduzca las conductas desadaptativas dependientes del estado de ánimo y que aprenda a confiar y validar sus propias experiencias, emociones, pensamientos y comportamientos.
El programa se estructura en una fase de pretratamiento y en tres de tratamiento. El pretratamiento está dirigido a la orientación del paciente hacia la terapia, es decir, el establecimiento de la relación terapéutica, de las metas y de los compromisos.

“Esta fase es esencial porque en ella se determinan los límites de la terapia, unos límites flexibles pero constantes que van a guiar la terapia”, ha explicado la psicóloga, quien ha añadido que “uno de los efectos más beneficiosos de estas estrategias de pretratamiento y que hace a esta terapia una intervención muy atractiva es que promueve la adhesión al tratamiento”.

La primera fase tiene una duración de un año y ahí se llevan a cabo las metas principales del tratamiento utilizando terapia individual, terapia de grupo y consultas telefónicas con la finalidad de disminuir las conductas suicidas, los comportamientos que interfieran tanto en la terapia como en la calidad de vida en general, y aumentar las habilidades de toma de conciencia, de regulación emocional, de tolerancia al malestar y las habilidades sociales.

Asimismo se establece una sesión individual y una sesión de grupo a la semana y las consultas telefónicas se utilizan entre sesiones principalmente para ayudar al paciente a generalizar las habilidades y estrategias aprendidas en terapia a la vida cotidiana.

En la segunda fase se trata el estrés postraumático que suele ser frecuente en estos pacientes. Este segundo momento del tratamiento no tiene una duración determinada.

Por último, en la tercera fase, se pretende que el paciente construya el respeto por sí mismo y que aprenda a validar sus propias experiencias. Además, otra meta terapéutica es que el paciente se empiece a plantear y perseguir metas vitales realistas en distintas áreas como el trabajo o la familia.

FUENTE: AZPRENSA.COM

 




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