Trastorno límite de la personalidad

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Sesión clínica en la Sociedad Forum de Psicoterapia Psicoanalítica

 

Revista Aperturas Psicoanalíticas nº 30

Autor: J. Díaz-Benjumea, María Dolores

 

María es la segunda hija de dos hermanos, el otro es un varón que se fue de casa siendo muy joven y con quien ella apenas ha tenido relación. Se crió Sudamérica, en una población rural, desde donde su familia emigró siendo ella pequeña. Tenía 28 años cuando comenzó su tratamiento en Marzo de 2001, aunque ha habido interrupciones largas. En el comienzo empezó viniendo una vez por semana y, tras un tiempo así, mezclado con épocas en que venía cada quince días y pausas relacionadas con enfermedades físicas , ha establecido un ritmo continuado y riguroso de dos sesiones semanales, que tenemos en el mismo día y seguidas, desde Enero de 2004 hasta la actualidad.

 

Es una paciente con rasgos borderline graves, con dificultad para manejarse en la vida cotidiana, en los estudios y en las relaciones amorosas. Me ha exigido una adaptación importante para hacer viable el tratamiento a diferentes niveles, el más importante es el que tiene que ver con el manejo por una parte de la escasa verosimilitud de muchos de los contenidos que cuenta y, por otra parte, mi sensación de que ella necesita que yo la escuche y la crea. Esto ha vuelto muy importante el trabajo sobre nuestra relación y la toma de decisiones sobre qué transmitirle y qué no de lo que yo veo en ella o lo que me hace pensar o sentir.

 

Desde el comienzo, se mostró como una paciente muy peculiar. Por un lado, se la veía comprometida, era puntual y nunca faltaba. Por otro lado, había una gran resistencia consciente, le costaba mucho hablar aquí, abrirse, confiar, de modo que las sesiones se parecían a un juego en el que ella, usando mucho humor, intentaba evadirse de preguntas mías, de temáticas que le resultaban dolorosas, aunque a su vez transmitía que deseaba encararlas.

 

Conforme se fue abriendo, me expresaba su miedo a mí, a depender de mí, a que yo utilizara en su contra lo que sabía de ella, “haciéndome sentir culpable de cosas que no he hecho”. Mezclaba una actitud agresiva defensiva y a la vez el humor para aplacarme.

 

Elementos importantes de la historia

 

Su demanda inicial de tratamiento era la ansiedad relacionada con los estudios. Está estudiando desde hace ahora unos trece años la carrera de veterinaria, y cuando llegó a consulta no podía ni asistir a clase, ni ponerse a estudiar, ni participar en las prácticas. En los exámenes se queda en blanco, no consigue concentrarse. Esa ansiedad se presentaba también ante otras tareas, como rellenar el impreso para la matrícula. Tuvo varias crisis de angustia. La carrera es algo que siempre le importó mucho, le pregunté en una ocasión por qué estudiaba, y me dijo que por la carrera sobrevivía. En la actualidad sí va a clase y a prácticas, y consigue aprobar algunas asignaturas, pero damos por hecho que cuando llega la época de exámenes puede que no se presente, tan relacionada con ellos está la ansiedad.

 

En la actualidad ella vive sola en un piso, cedido por los padres, en el pueblo donde vive desde que su familia inmigró, aunque también tiene su piso en la ciudad donde estudia. En principio me habló del padre como muy agresivo con ella y también con su madre, un hombre desquiciado del que se tiene que defender. Ella se mostraba muy preocupada y culpable por haber dejado a su madre sola con él al irse a estudiar. La familia posee una explotación ganadera, ella se ocupa de tareas relacionadas con la gestión administrativa y técnica de dicha explotación, pero ahora dedica más tiempo a la carrera, que sigue al ritmo que puede. Fue una profesora, con la que tiene muy buena relación y que la orienta académicamente, la que le dio mi referencia.

 

Diez meses después de empezar el tratamiento me informa de que es bisexual y no lo dijo al principio por temor a que yo tuviera prejuicios. Pero si bien empezó contándome que podía estar tanto con hombres como con mujeres, después se vio que no era así, es claramente homosexual. Este tema no significa un problema para ella, es quizá el único tema personal que no le causa conflicto, pero todo lo que tiene que ver con su intimidad va saliendo muy poco a poco. Me reconocerá mucho más tarde que aunque me había contado que había tenido novios, en realidad nunca tuvo ninguno, sólo eran amigos.

 

En el comienzo de la terapia me traía muchos sueños, y también material escrito. Entre los temores que iba contando relacionados con la figura de su padre, que era mayor y estaba enfermo, y con quien a veces se peleaba incluso físicamente porque el padre intentaba golpearla, hay sueños y fantasías como que el padre vaya por detrás con un puñal y la ataque, o que estando ella dormida entre de noche en su cuarto. En un momento dado yo le pregunté directamente si recordaba haber sufrido algún incidente sexual con él, me contestó que no.

 

Después de una interrupción de seis meses, en Enero de 2002 volvió a terapia tras la muerte de su padre. Cuenta que antes de que ocurriera, pasó una época en que ella vivenciaba que se había reconciliado con él, que le había visto su parte buena y habían podido tener una buena relación antes de su muerte, porque él dejó de estar tan agresivo. Sin embargo, algún tiempo después y estando ya metida de lleno en el tratamiento (en Mayo de 2004) empiezan a salir recuerdos, además de muchos sueños, de abusos sexuales. Abusos terribles, que cuenta con escenas detalladas. La primera era una escena siendo ella pequeña, en la que ella dormía en una cama con la madre y el padre en otra al lado. La madre la echaba de la cama porque ella la molestaba, ella se iba a la cama del padre, éste la ponía encima de él y la frotaba con sus genitales, ella sentía algo duro, y no sabía qué pasaba.

 

A partir de Marzo de 2005 empieza a contar contenidos de abuso sexual con penetración, tocamientos de todo tipo, sexo oral y, más adelante, incluso recuerdos de haber tenido dos abortos en su propia casa siendo adolescente, y posteriormente una relación sexual esporádica con su padre teniendo ella ya 22 años. Durante años, estas escenas se van sucediendo, van saliendo una tras otra de un modo que parece inacabable, siempre relacionadas con infinidad de sueños a través de los cuales le vienen recuerdos. Mi sensación ante estas historias es confusa, una sensación de estar ante vivencia real de abuso pero también de cierta fabulación, de indiscriminación de fantasía, sueño y recuerdo.Cuando estos contenidos salen, ella se angustia mucho y necesita atención telefónica entre sesiones. En la consulta, se mueve entre un temor grande a la ansiedad que le provoca hablar de sus recuerdos y la certeza de que tiene que hacerlo para librarse de ellos. Además de muchísima angustia, va mostrando un gran sentimiento de culpa, no perdonarse por no haberse defendido de él e impedido que ocurriera y, después, cuando reconoce haber experimentado sensaciones sexuales en ciertas ocasiones, mucha vergüenza. El recuperar estos sueños-fantasías-recuerdos va acompañado de síntomas físicos -le duele el cuerpo, siente como si lo estuviera reviviendo- y cuenta que sangra aunque no le toque la menstruación. Se acompaña también de mucho miedo a que su padre “llegue por detrás” y la agreda por hablar mal de él, fantasías de autolesiones e ideas de suicidio que le llegan a producir mucho temor. En esos momentos tenemos comunicación por teléfono para que ella se tranquilice.

 

Mis sentimientos hacia estos contenidos son complejos. Yo tengo una relación básicamente buena con ella. Me he ido adaptando a su ritmo, a su humor, a su forma de relacionarse. Por otro lado, tengo continuadamente una sensación de falsedad que hace que dude de lo que me cuenta. No tengo la sensación de que me miente, sino que no diferencia bien lo fantaseado, lo soñado, o lo recordado. Esta duda a veces, sobre todo al principio, me preocupa, porque veo que es muy importante para ella que yo la crea, y así en efecto ella me lo transmite, pero por otro lado yo no siempre puedo creerla, y eso también yo se lo transmito a veces explícita y a veces implícitamente.

 

Me he ido acostumbrando con el tiempo a manejar esta ambigüedad por mi parte en mi relación con ella. No he ocultado que dudaba, pero tampoco se lo he dicho de un modo abierto que pudiera herirla. Le he transmitido siempre que a veces no diferenciamos claramente lo que soñamos de lo que recordamos, que la realidad de lo que nos pasó puede estar mediatizada por lo que temimos pero, básicamente, he optado por creerla, por colocarme en la posición de tomar como verdad lo que me cuenta, hasta que surge otro recuerdo y siento que esta confianza se tambalea.

 

Lo que me hace dudar son varios factores: lo que me cuenta es tan terrible que parece irreal. Los datos no me parecen verosímiles de tan extremos, le pregunto sobre las señales físicas que pudieron haber dejado en ella las agresiones, como la penetración (por delante y por detrás) siendo pequeña. Me cuenta por ejemplo que con 15 años la operaron de quistes en el ovario, y el médico le dijo a su madre que la llevara al psicólogo. Yo me pregunto cómo el ginecólogo no notó que la estaba penetrando su padre desde que era pequeña. O me cuenta que tuvo un segundo aborto, en el que tras proponerle su madre que ellos podrían quedarse con el niño y ella decir que no, el padre le golpeó el vientre para que abortara.

 

Ella no siempre lo transmite con dolor o sufrimiento directamente expresado, pero sí con gran ansiedad, que maneja con mucha contención, y a veces incluso con humor defensivo. Necesita callarse, necesita que le traiga agua con azúcar, puede necesitar llamarme por teléfono. Se esconde tras una máscara de ironía y sorna, algo muy peculiar en ella.

 

Me hacen dudar también rasgos suyos de personalidad como su creencia en lo sobrenatural. Ella me llegó a contar, con el tiempo y cuando aumentó su confianza, que tiene intuiciones que predicen que algo va a ocurrir, que siente en su cuerpo cuando a una persona cercana le va a pasar algo… Siente ante estas facultades paranormales una mezcla de disgusto por ser rara y temor de que yo no la crea, o la considere loca.

 

Me hace dudar que una historia tan tremenda y continuada pueda haber sido inconsciente durante años, hasta que aquí empezó a salir. También el hecho de que normalmente cada nueva escena empieza a recuperarse para la conciencia como sueños, y ella pasa en su discurso a hablar de esas escenas como recuerdos directamente, de un modo que parece indiferenciado. Ella, ante mis preguntas y como lo nota, me cuestiona por qué dudo de ella, ya que ella no duda. Yo le aclaro que más allá de los detalles, yo no dudo de que haya sufrido abuso y eso es lo importante.

 

Por otro lado, hay factores que me hacen creerla: que yo no la veo delirante en su trato conmigo; que parece tener siempre conciencia clara de sus proyecciones -tiene miedo de mí, o por ejemplo infiere que una mujer que a ella le gusta la odia porque no la saluda, y piensa que esta mujer la culpa por atreverse a sentir algo por ella y eso es malo- pero todo esto me lo cuenta sabiendo que son creencias, que lo que ella siente o piensa no necesariamente tiene que ser lo que ocurre. En resumen, parece haber diferenciación yo-otro. Por otro lado, en nuestra relación muestra siempre una sutil y agudísima captación de mis estados de ánimo. No se le escapa nada, no suele estar equivocada ni distorsionar.

 

Me mueve también a creerla que he visto que tiene síntomas claves en casos de abuso que ella no sabe que lo son, como el tipo de recuerdos vivenciados, en los que siente en su cuerpo lo que le pasó: el dolor en los genitales, en la cadera… Ella dice que vuelve a sentir lo que vivió. He visto otras veces este tipo de recuerdos en otras pacientes abusadas, y está descrito en la literatura clínica sobre el trauma. También otros síntomas propios de estos cuadros, como la sensación de irrealidad que sentía cuando empezó a recordar estos hechos, lo que hacía que ella misma me preguntara con insistencia si podía ser un falso recuerdo; o cómo el temor que la persigue ahora cuando está con la hija de unos amigos, porque teme ella misma abusar de la niña, no porque lo desee sino porque algo en ella sea perverso y se manifieste.

 

Para María, el que yo la crea es muy importante, no solo en este aspecto, sino en general. Cuando me habla sobre sus relaciones con otros significativos de su vida presente, tiene siempre el temor de que yo no la voy a creer, y el temor es tan grande que no acepta en principio mis sugerencias sobre lo que puede estar ella poniendo de sí en su interpretación de la mente de los otros. Cualquier intervención mía en este sentido es vivida por ella como que no la creo, y es un tema que trabajamos mucho porque nos manejamos entre mi necesidad de intervenir y poder señalarle cosas de ella, y su disgusto de sentir que la estoy culpando de inventarse lo que me cuenta.

 

Algunas sesiones de la época en que empezaron a surgir contenidos de abuso

 

10.9.2004

 

Sueño:

 

En la casa de mi madre, voy entrando.

 

“Hola, ¿hay alguien?”. “Como siempre, estoy sola”, pienso.

 

En el patio había un perro (con el que me he criado yo, porque estaba siempre sola, me cuidaba el matrimonio vecino, ellos estaban preocupados por mí y por lo que me podía llegar a hacer mi padre).

 

Dije “pero si mi perro ya está muerto”. Veo que ese perro es uno que no se puede mover, porque tiene las patas traseras echas polvo. Le llamo a ver si es el mío, vuelve la cara y da miedo, es una cara agresiva, con legañas, canas, (como si fuera la representación de mi padre, cuando estaba enfermo, entonces yo no sabía si abrirme a él o no). No me fiaba de ese perro, aunque lo viera mal.

 

Veo un bar con gente del que sale una niña chica (¿yo de pequeña?)

 

La niña me dice que si me quiero acostar con ella, me deja flipada, y que le tengo que dar dinero.

 

Pienso llamar a la policía y la recogen.

 

Veo cómo él me está haciendo cosas y mi madre está delante y no le da importancia.

 

Ella estaba durmiendo, yo la despierto como siempre.

 

Ella me dice que ponga bien un crucifijo de la habitación. Le digo que no puedo, que soy muy pequeña.

 

Me pide que vaya al pasillo, fuera, a apagar la luz y llevarme ese crucifijo para allá. Le digo que me da miedo, que me acompañe. Ella dice que me acompañe mi padre y yo digo que no.

 

Yo era muy pequeña, me fui detrás de él y ya empezó a tocarme.

 

Yo veo a mi madre en el patio (el del perro), me veo agarrada a ella, a su pierna, diciéndole que me ayude, que me deje él en paz, que me quiere tocar. Me pongo a llorar y él me manosea y ella lo ve normal.

 

El mismo manoseo, él riéndose y yo llorando, amoratada.

 

Después de este sueño, ella dice que eso ocurría en realidad, que las escenas ante el padre y la madre son reales: ella acostada llorando agarrada a su madre por miedo, el manoseo del padre y ella decía: “dile que me deje en paz, que no quiero que me toque por favor, y él se reía y la madre: “no te está haciendo nada”, y cuando veía que yo lloraba y no paraba, ya decía: “Héctor, déjala ya en paz”. La madre no veía nada sexual. Al contarlo la embarga un sentimiento de humillación y desprecio por su madre.

 

23.5.2005

 

Muchos sueños, y le ha surgido otro recuerdo, sobre la penetración. Le cuesta hablar del tema, porque es todo sexual, se siente asqueada. Aunque, como siempre en ella, se maneja con bromas y sonrisas, no deja ver mucho la ansiedad en sus gestos.

 

Me pregunta cómo estoy yo. Necesita saberlo para ver si soporto lo que ella me trae.

 

Esto es lo que recuerda:

 

Yo intentaba abrir la puerta junto a la cama, para que mi madre oyera el ruido y preguntara ¿Qué pasa ahí? Pero él pegaba un manotazo y la dejaba encajada, ponía un zapato para que con la puerta no se viera nada desde la cama de mi madre.

 

Él encima mía por detrás, penetrándome, y yo me ponía a llorar. Recuerdo ese lamento, como el del niño de la película.

 

Cuando ella me escuchaba llorar me decía “María, ¿qué te pasa? Vente para acá” Y él, cínico, mientras me penetraba, “déjalo, eso le pasa por no obedecer, así aprende a hacer las cosas cuando se le dice”.

 

Recuerdo esa mirada de deseo por su parte, y no soporto que las tías me miren.

 

Sentía dolor, como los lamentos del niño.

 

Impresión de él pidiéndome que le chupe los testículos “¿Lo ves lo suaves que son?”

 

A veces, cuando me penetraba sentía… no se si es placer o no, es como un cañón, golpes fuertes. A veces es algo de placer y a veces algo muy doloroso.

 

Recuerda sensaciones de placer (de niña).

 

Con 14 años, cuando me llegó la menstruación, ya me fui a otra habitación y no me volvió a tocar. Él se ingresó con una depresión después, cuando yo tenía 14 años. Yo estuve sola en casa todo ese tiempo…

 

Después él se quedaba en la puerta de mi cuarto y yo le decía “¿Qué haces ahí?”, “Ver si estabas durmiendo”, “Ni te atrevas a tocarme, fuera de aquí”.

 

Nunca te llegaré a contar cuando lo veía fuera de sí, como si se volviera loco, excitado, desenfrenado. Cuando veo miradas de “salida”, de deseo, en una mujer, me pone fatal, lo relaciono con él.

 

22.11.05

 

Llama una hora antes y dice que no vendrá, cogió el coche y se fue a una localidad costera, está muy mal, no quiere que nada pueda alterarla porque está al borde...

 

Luego, en su tiempo de sesión me llama por teléfono y estamos una hora hablando. Está en la playa y dice que no puede dejar de pensar en el suicidio, que ya no le importa si yo rompo el compromiso o no, pero lo dice con apuro, con cuidado de mí, no pudiendo evitarlo a pesar de no querer crearme problemas, así lo siento yo.

 

Esta vez es por su madre. Ella ya puede estar una semana sin verla, pero la madre se pone después fatal, ha empezado con los ataques y dice a todo el mundo que la tiene abandonada, le hace sentir culpable, le dice que le pasará algo por su culpa, ella no puede con eso, no puede. Sólo encuentra la muerte como salida a su nivel de angustia, de desbordamiento, por el problema con su madre y por lo que hablamos el otro día, la desesperación de no poder estar con nadie nunca, de que le esté privado el tener una pareja...

 

Yo la escucho y me siento mal, y veo que lo que me hace sentir, la presión -se escucha el mar de fondo, y ella me dice que se retiene para no meterse- debe ser un reflejo de la presión que ella misma siente, y le hago una declaración contratransferencial en la que se lo digo a la vez que le digo que sé que no lo hace para manipularme, como su madre, pero que necesita esa descarga, y que yo también siento mucho miedo y presión y la tentación a veces de abandonar, pero que encuentro recursos, como convencerme de que nadie es responsable de la vida de otro, nadie excepto uno mismo de su propia vida, y que en último caso cada uno es libre de hacer con su vida lo que decida, y eso que me sirve a mí puede servirle a ella también, ella no es responsable de la vida de su madre si a ésta le pasara algo. Además de que ha de reconocer la agresividad que hay en la manipulación de su madre y defenderse de ella.

 

Creo que se tranquiliza algo. Queda en llamarme el jueves noche. Sé que el saber que yo estoy aquí la ayuda, ella también me lo transmite, y yo le digo que por eso sigo.

 

La relación terapéutica

 

Lo que ha marcado y dominado la relación durante la primera etapa era un sentimiento de desconfianza. María ha luchado siempre contra un sentimiento de temor hacia mí, de vulnerabilidad relacionado con contarme su intimidad.

 

En esta mujer se muestran facetas que pueden parecer contradictorias. Por un lado está su funcionamiento borderline, el grado de ansiedad y falta de adaptación y capacidad para funcionar en los estudios y la vida afectiva, la línea confusa entre lo que sueña frente a lo que recuerda, entre lo que fantasea frente a lo que percibe. Sin embargo, por otro lado, en la relación conmigo veo en ella una diferenciación clara de sí misma y el otro, de modo que aunque muestra por ejemplo mucho temor hacia mí, sabe que ese temor es suyo, no fruto de la verdadera maldad del otro. Estos dos saberes disociados parecen pesar mucho para ella, por un lado la angustia le domina, pero por otro maneja la situación de modo que salva la relación con el otro y asume su responsabilidad. Esto sucede en la consulta conmigo y en la vida real a veces así parece suceder también, en otras ocasiones me parece tan claro. En el tratamiento, todo el encuadre que ella adapta a sus necesidades lo veo como una manifestación de su empeño en manejar su angustia sin tener que abandonar la relación.

 

Desde el principio manifestó mucho temor, y lo que ha ido hablando de ella misma ha ido saliendo a través de los años, poco a poco. El temor de María hacia mí no es sólo por un posible daño psíquico, se manifiesta incluso en el siguiente hecho: tengo un cuenco con caramelos en una repisa de la librería alejada de mi asiento tras la mesa. En alguna ocasión, si me levanto para coger uno, tengo que avisarla porque si no lo hago le entra de pronto temor como si yo fuera a ir hacia ella y atacarla, golpearla.

 

En la actualidad, yo siento que tenemos un vínculo fuerte, que ella confía en mí, que valora y reconoce nuestro trabajo, y por mi parte me siento emocionalmente comprometida. Pero nuestra relación no se parece mucho al modo en que suele conducirse una relación profesional.

 

Nuestras formas -las de ambas- no son contenidas ni suaves, sino vehementes, expresivas, espontáneas. Creo que ésta es una modalidad que se ha ido desarrollando porque así le facilitaba las cosas, y que con nuestros puntos en común hemos conectado. Ella es muy expresiva, aquí se ríe y bromea con facilidad, y cuando habla de temas duros, gesticula y dice tacos, pero en seguida tiende a decir “lo siento, es que yo hablo así, no es por ti…”. Y esto se repite mucho, porque no puede dejar de hablar así, expresándome a mí por ejemplo una rabia que siente hacia otra persona cuando me habla de ella.

 

María tiene una extraordinaria sensibilidad para captar mis estados de ánimo, y al momento me llama la atención sobre ellos. Yo los reconozco, y es habitual entre nosotras hablar de cómo se siente cada una ante la actitud de la otra, y en qué medida una situación es tensa. Tenemos sesiones o incluso etapas de desencuentros, que tienen que ver por un lado con el aumento de su irritabilidad en la sesión y, también, con la disminución de mi capacidad de empatizar con ella por mi propio estado de ánimo, lo que hace que me defienda de sus maneras bruscas, sus rechazos o ironías poniéndome más fría y menos tolerante, en definitiva alejándome emocionalmente.

 

Nuestros diálogos están llenos de aclaraciones sobre la repercusión que tiene en ella alguna intervención mía, pero también de lo que yo siento con ella y que a veces me hace imposible estar más tranquila, más receptiva, más empática. Ella me señala siempre cada sugerencia mía que no le ha sentado bien, a la sesión siguiente o en la misma me dice lo que la ayuda y lo que no. Yo mantengo mi libertad para estar de acuerdo o no con ella, y también siento que aprendo de ella y reconozco como cierta cada cosa que me reprocha si lo veo así, porque realmente percibo que muchas de sus apreciaciones son reales además de sutiles y agudas.

 

En más de una ocasión le he hecho una devolución cargada de afecto: que cualquier interpretación suya de la realidad que yo ponga en duda es vivida por ella como que la miro como a una loca, que no la creo, de este modo se siente tan perseguida que para que ella no se ponga mal yo tengo que sentirme como si estuviera atada de manos y amordazada. Que yo me resisto a eso, porque tampoco creo que sea bueno para ella. Ella entonces lo comprende, se pone en mi lugar, pero me pide cautela y paciencia porque no puede dar más de sí.

 

Un encuadre atípico

 

El sentimiento predominante que María muestra en las sesiones, desde siempre, es la ansiedad, pero ésta siempre va unida a una máscara de desenfado, de sentido del humor simpático, de ironía. Ha contado cosas terribles, no siempre muestra directamente miedo, dolor, pena, pero sí habla de que los siente y muestra su ansiedad. Está el factor añadido de que es alérgica a todo tipo de medicamentos, con lo que nunca ha podido tomar ansiolíticos ni ningún otro fármaco. Aunque al principio ella venía y se sentaba en la mesa frente a mí, conforme fue tomando más confianza se permitió conducirse de modo que mostraba más claramente su ansiedad y de un modo que se pudiera autocalmar. María no se sienta de momento, sino que anda por toda la habitación. A veces se queda de pie apoyada en la pared, durante épocas se sentaba en el suelo en un rincón, y en ocasiones -cuando salían contenidos duros sobre el abuso- medio oculta entre un mueble y el diván, porque ahí se sentía más protegida. En la actualidad lo más frecuente es que, tras un rato de pie junto a la puerta, se siente en una butaca que tengo junto a ésta, tras el diván, bastante alejada de la butaca donde yo me siento que está tras el escritorio. Esta distancia le da seguridad.

 

Me pidió música porque eso le servía, de modo que mantengo el ordenador encendido con una suave música de fondo, y además le tranquiliza también que esté dirigido hacia ella para que pueda ver las imágenes que se mueven al son de la música.

 

Cuando llega, yo le abro la puerta y no la espero, entro al despacho, ella se toma su tiempo para entrar, volver a salir a veces, volver a entrar, y después puede que deje la puerta del despacho abierta porque así se siente más tranquila.

 

El comienzo de las sesiones, y buena parte de las mismas, está dominado por lo nerviosa que se pone ante la expectativa de que va a hablar de su intimidad, y por tanto necesita que conversemos de asuntos intrascendentes, de cómo van las macetas de mi consulta, o de cómo está el campo en esta época del año. Me pide que la ayude, que no me quede callada esperando que ella traiga el tema. También me pide que no le pregunte de temas que le afectan. Se lleva normalmente tres cuartos de hora con este preámbulo hasta que empieza a tocar contenidos que para ella son duros. Pero hace años que pusimos las dos sesiones semanales seguidas una tras otra, de modo que puede tomarse tiempo para ir entrando en materia.

 

Llega normalmente puntual, pero acabar le cuesta trabajo, de modo que yo me pongo de pie y salgo de la consulta, y ella a veces me habla hasta el último momento. Cuando se va, es muy raro el día que no me dice algo al separarse de mi: “¿Este fin de semana, si lo necesito, puedo llamarte?”. Sabe que le contestaré que sí, y le informo sobre si es mejor que me localice en el fijo o el móvil según si estaré en la ciudad o fuera. No suele hacerlo excepto en épocas difíciles. Jamás la he visto abusar de llamadas y siento que realmente hace un esfuerzo por no molestar, pero cuando está mal, cuando ha surgido temática dura, me ha llamado a cualquier hora. También sabe que puede contar conmigo en verano a través del correo electrónico si estoy fuera de España, y lo ha usado varias veces. Saber que yo estaba ahí y le respondía le tranquilizó.

 

Otras temáticas

 

Además del tema del abuso de su padre, está en su historia la relación con su madre, que es también muy agresiva y que, además, tiene un carácter histérico y manipulador, con acusaciones y quejas que le inoculan sentimiento de culpa. Cuando ella decidió irse a la ciudad a estudiar, la madre le hizo una escena en que se desmayó y se tiraba de los pelos. Durante un tiempo, en la terapia el tema era que su madre le pedía más cercanía, pero o bien se lo exige de un modo impositivo o, sobre todo, le transmite mensajes culpabilizadores diciéndole que está enferma y algo puede pasarle cuando la deje sola, o que si se muere ella tendrá la culpa. María sentía mucho rechazo pero, cuando se alejaba, surgía el sentimiento de culpa y un gran temor de que le pase algo realmente a su madre, con lo cual no podía distanciarse, necesitaba verla muy a menudo porque, además, si dejaba varios días sin hacerlo temía que ella se pusiera aún más agresiva.

 

Sin embargo, hay también necesidad de la madre como figura de apego. Al principio de la terapia pasó por momentos de angustia intensos y le pidió que se viniera unos días con ella a la ciudad donde estudia, cosa que la madre no quiso hacer. La relación pasa por épocas de calma, en que ella dice que la madre está más tranquila y sin reproches, entonces ella teme dejar de estar alerta, confiarse. Y cuando salieron los contenidos de abuso sexual, le causaba sentimiento de culpa poder disfrutar de los aspectos buenos de la relación con la madre, porque no se permitía a sí misma perdonarla por no haberla protegido.

 

En la actualidad, la madre le habla bien de su padre cuando está con ella, y ella siente un tremendo rechazo, por eso y porque no la protegiera de los abusos del padre. Ella sigue sin querer estar con la madre tanto como ésta desearía y la madre sigue culpabilizándola por ello, aunque María puede estar más distanciada sin sentirse tan culpable.

 

Al igual que el padre, la madre procede de una familia con mucha agresividad, y tiene hermanos que poseen tierras colindantes con las de ella. Especialmente hay un tío muy violento, que entra en las tierras de su propiedad cuando quiere, y al que ella no puede ponerle los límites que quisiera por temor al descontrol agresivo de él. Estos tíos le roban aperos, hacen que entren perros peligrosos en su campo mientras ella está allí trabajando, o aparcan un coche en medio de un camino de tránsito obligado. Es tema de conflicto en ella la rabia a esta familia, a la vez que el miedo porque los sabe peligrosos, y el deseo por otro lado de, a pesar de todo, dedicarse a la explotación ganadera de su madre ahora que ésta le ha cedido parte de ella para que se haga cargo de los animales.

 

Criada en medio del maltrato y del abuso, María estaba mucho en la calle pero tuvo relaciones satisfactorias, como la relación con un matrimonio vecino que iba mucho por su casa, la cuidaban y le tenían mucho cariño, o con otra vecina con la que tenía este mismo apego. En la escuela pasó por una época muy conflictiva, de gran rebeldía -la echaron de un colegio de monjas- y en la adolescencia y primera juventud estuvo tomando drogas de diversos tipos, pero siempre ha tenido alguna relación “salvadora”. En su adolescencia fue la que estableció con una profesora con la que hablaba mucho y por quien se sentía comprendida y aceptada. Más tarde, en la carrera también encontró otra profesora por la que se sintió protegida, escuchada y orientada. Desde hace años me tiene a mí.

 

Sus relaciones amorosas son un tema que siempre le ha generado mucho pudor al hablarlo conmigo, y hubo que esperar bastante tiempo para que se atreviera a hacerlo. Ha tenido relaciones sexuales esporádicas mediadas por el alcohol sin implicación afectiva, y una sola relación significativa larga (dos años), que acabó antes de empezar la terapia, bastante antes de que salieran los contenidos de abuso sexual. Desde entonces, desde que está en tratamiento, María no ha vuelto a tener relación sexual alguna, pero sí siente enamoramiento hacia mujeres de su entorno, relaciones que suelen ser imposibles pero que para ella significan mucho. Ante estos sentimientos, durante mucho tiempo -y tras salir el tema de los abusos- reaccionaba con sensaciones de ser sucia, de estar traicionando a su padre y con pánico ante la figura de éste, que sentía que se enfadaría con ella, que vendría por ella, etc. Se trastornaba mucho. Las relaciones que anhela son siempre imposibles porque la otra persona no está disponible (su fisioterapeuta, casada y embarazada o una profesora también con familia). Ella ve en estas mujeres signos no verbales, implícitos, de correspondencia, pero nunca llega a haber una comunicación clara de sentimientos. Si en algún momento parecía propicio que ella diera un paso adelante, o la otra persona podría tener un interés claro, entonces era María la que retrocedía, con lo cual parecía haber una atracción precisamente por lo que no le suponía peligro de implicación emocional, o bien una retirada para no constatar la frustrante realidad frente su deseo. Sin embargo, mis interpretaciones en ambos sentidos eran vividas mal por ella, porque lo sentía como si yo no la creyera, como si sus sentimientos o su percepción fueran falsos, doliéndole también que yo no abriera ninguna posibilidad a que pudiera ocurrir algo.

 

En el presente, está enamorada con una intensidad que nunca antes había sentido de Aurora, una profesora que le da clases desde el año pasado. La historia con ella ha sido similar: ella está segura de haber percibido señales indiscutibles de atracción en esta profesora y el pasado curso le escribió una carta declarándose. La profesora no le contestó y, aún este año, la relación entre ellas, tal como María la transmite, está llena por parte de ambas de tensión, miedo y control de los propios sentimientos y los de la otra.

 

El tema de estudiar es provocador de mucha ansiedad, y ella lo relaciona con diversas situaciones del pasado. Por un lado situaciones de abuso sexual: ella estaba en la cama estudiando, el padre llegaba y le tomaba la lección y ella se la sabía, y mientras él le metía la mano debajo de la sábana y la tocaba, “como un premio, él me tocaba”. O bien ella le pedía al padre que le dejara ver sus libros, el padre se los daba y, mientras, la tocaba y ella se dejaba tocar para poder seguir viéndolos. Por otro lado, asocia con situaciones de maltrato sádico. El padre era químico, le explicaba lecciones de matemáticas o física, y le hacía ver que las cosas eran al revés de cómo ella las sabía, confundiendo su mente de manera que no tenía claro lo que era correcto y lo que no. O bien el padre se irritaba con ella porque hacía mal un dibujo, incluso cuando, dice ella, le salía bien, le rompía entonces el papel y lo hacía él.

 

Desde que empezó a recordar su pasado de abuso sexual, María ha necesitado contarlo a personas significativas, como a Irene, la profesora que siempre, desde que empezó la carrera, la orientó y apoyó. En la actualidad, María necesita explicar a algunas profesoras que le imparten las materias que le producen más ansiedad su historia de abuso, porque así dice sentir que está en confianza y se reduce su miedo.

 

Por mi parte, siempre estuve en la duda de si era bueno seguir buscando el recuerdo de temas tan traumáticos y angustiosos, por la posible retraumatización. Cada vez que estaba por emerger un trozo de experiencia recordada, había una época de sueños tremendos, síntomas somáticos y una gran angustia. Pero ella estaba segura de necesitar contarlo porque sólo así se liberaba de algún modo, a pesar de que le daba muchas vueltas antes de poder ponerlo en palabras.

 

María se queja también de lo difícil que le resulta manejar su vida en asuntos cotidianos, que necesita el orden pero no puede tenerlo, no puede ponerse a arreglar sus cosas, a limpiar el piso u ordenar sus papeles, a estudiar. En determinadas épocas ha hablado de dificultad para tratar con gente por la que se siente agredida, como un vecino que hace mucho ruido por la noche y no le deja dormir, o el casero, que ella sabe que ha entrado en su casa cuando ella no está.

 

Entre todos los temas, siempre está presente el de nuestra relación.

 

Sesiones de los últimos meses de 2007

 

Sesión 1

 

La primera parte de esta hora, María habla mucho de Irene, (la profesora que fue un gran apoyo en los años que lleva estudiando, con la que se creó una gran amistad y de la que ella dependía académica y también afectivamente, pero con la que ha habido desencuentros importantes y la relación se ha roto). María habla de los sentimientos que le provoca la actitud distante de Irene, siente rabia porque le parece que Irene se ha portado con ella injustamente, y también ha sentido dolor por la pérdida. Pero ahora ve aspectos de la relación con Irene que no marchaban incluso antes, que no han funcionado nunca. Como por ejemplo, que Irene nunca le facilitó el camino para que ella pudiera tener recursos propios e independencia para trabajar llevando el ganado que pertenece a su familia. O que Irene nunca la valoró, no sentía que confiaba en ella para que trabajara. O la falta de sensibilidad que tuvo siempre, diciéndole cosas como “vete a hacer la calle” si necesitaba dinero, o bien “y dejaste que se muriera sin decirle nada…” refiriéndose a su padre, cuando ella le habló del abuso sexual.

 

En nuestra interacción, como suele ocurrir, viene costándole empezar, y está muy atenta a mí: qué miras, qué piensas… No quiere que le pregunte nada ni que la mire, pero tampoco que quite mi atención de ella en ningún momento, lo que es difícil. En el momento que pienso en otra cosa ella lo nota y me pregunta, dice que es porque teme lo que yo esté pensando de ella, que piense mal. A cada intervención mía responde bruscamente rechazándola con desprecio, diciendo que no le sirve, o que no la comprendo. No me deja hablar, interrumpiéndome cada frase.

 

Transcurre así buena parte de la sesión y en un momento dado le digo, yo también con vehemencia, que me siento acorralada, porque no puedo decirle nada que ella no comparta, cuando lo hago ella se ofende, y sólo admite que yo esté de acuerdo con ella, lo contrario lo ve como falta de confianza o de comprensión (por ejemplo, cuando le hablo de su tendencia a pensar que Irene es muy poderosa y puede hacerle mucho daño, a magnificar el poder y también quizá la agresividad de Irene). Ella entiende lo que le estoy diciendo, pero en este momento se refiere a nuestra relación y lo que dice es “tú también tienes un carácter fuerte” con una sonrisa en la cara, señalándome con el dedo índice. Le digo que sí y me río también. Ese momento nos une.

 

Pero esta vez le digo, además, que yo podría no haber sacado con ella ese aspecto de mi carácter, podría estar más contenida, sin embargo intuyo que ella me lo provoca, que no le disgusta que sea así. Me contesta al momento con mucha seguridad “por supuesto, si yo no viera claramente tu lado humano no habríamos tenido nada que hacer aquí”.

 

Sesión 2

 

Hoy ella viene dispuesta a hablar de temas que dan mucho de sí, y la mezcla de su implicación con mi frágil estado de ánimo por asuntos que me han ocurrido esa semana produce una sesión intensa, y extraña.

 

Sus primos vecinos han entrado en su campo, robándole aperos. Ella siente mucha rabia. No puede denunciar porque no hay pruebas pero, además, porque la madre estaría en mayor peligro, y porque ésta no quiere hacerlo al tratarse de su propio hermano. Por otra parte, ella quiere seguir con esas tierras, no está dispuesta a irse. Lo que quisiera es que no le produzca tanta rabia que le impida seguir y disfrutar con lo que tiene: la cría de animales que lleva va bien, hay quien la felicita por su labor.

 

Y ahonda en el análisis de esa rabia. Le recuerda a su padre, que se enrabietaba cuando las cosas no eran como quería. Ella no mostraba en actos su rabia, pero por dentro la sentía. La rabia tiene funciones en ella, porque dice que si no la siente se siente muerta, como le pasa con el amor, dice que necesita sentirlos. No admite lo que le sugiero de ser menos sensible a lo que le hace el primo, no quiere ser indiferente. Quiere sentirse viva. La rabia le hace sentirse viva, y le hace sentirse más fuerte. Yo le digo que algo saca de la rabia, para mantenerla y cultivarla, aunque por otro lado le hace sentir mal porque se siente como él (el padre). Dice que ella no se siente buena, que no siente que tenga otras cosas, y la rabia le da identidad. Yo intento que vea esas otras cosas buenas de ella, pero ella dice que no puede verlas.

 

Durante todo el tiempo ella se revuelve contra mí por lo que le voy diciendo, no se siente entendida, rechaza mis propuestas interpretativas diciendo que no le sirven, que no la entiendo, sin escucharlas del todo, me corta continuamente cada frase que comienzo. Yo estoy frágil, hoy no me enervo como ella, me mantengo tranquila, pero hago un esfuerzo (que después me causa un bajón importante). Ella reconoce que ésta le está siendo una sesión muy intensa y difícil.

 

Saca también otro tema, que no podemos desarrollar, es el orden. Ella necesita orden, pero no puede tenerlo con sus cosas, quisiera pero no puede ponerse a ordenar…

 

Y al final de la sesión, ya de pie, me pregunta si ha sido muy agresiva conmigo, yo le contesto espontáneamente “algo”, ella me pide disculpas, y yo las acepto con un gesto. Me hundo en la miseria cuando se va… La única explicación que tengo en la mente, como suele ocurrirme es que todo se debe a mi momento de fragilidad esa semana (por razones personales, como he dicho más arriba), por otro lado tengo la sensación de que he mantenido bien el tipo.

 

Sesión 3 (continúa a la 2)

 

Viene preocupada por el otro día, ha llegado a pensar en dejar la terapia por el momento, porque es lo que hace cuando siente que puede hacer daño al otro, que no controla su agresividad… Aunque no tiene un recuerdo claro de lo que pasó en la sesión (algo que suele pasarle, no se acuerda de qué hablamos, sólo recuerda la sensación). Cuando le digo que ella me vio frágil, dice que no… (aunque ella suele decir que no a todo lo que yo verbalizo porque no le parecen bien mis términos), que me vio más bien implacable. Yo creo que estuve más implacable en mis palabras, precisamente, porque de tono no me alteré nada, estuve más bien depresiva. El hecho es que ella notó mi fragilidad y hoy viene queriendo protegerme de su agresividad.

 

Le aclaro a María que en nuestra interacción de la sesión anterior no sólo era ella la que venía alterada y con agresividad, sino que yo también venía inusualmente frágil por asuntos de mi propia vida, que yo realmente me siento fuerte para seguir trabajando con ella, dando por hecho que a veces tendremos esos desencuentros, que producimos entre las dos. Ella me contesta que sabe que es ella, que es su agresividad, y ante el hecho de que yo me coloque como partícipe de nuestros desencuentros, dice con afecto y su habitual expresividad “claro, tú eres un ser humano”.

 

Pero en la sesión de hoy todo es distinto y aquel momento se supera. Yo pienso que esta mujer es tremendamente receptiva sobre el estado de ánimo del otro en cada instante.

 

Habla de una parte de ella en que teme parecerse al padre, que se siente mala, agresiva. Por ejemplo, con su madre, que está ahora frágil y llorando, ella estuvo implacable. O cuando ha estado así con Aurora (la profesora de la que está enamorada y con quien hubo insinuaciones el curso pasado). No le gusta estar así, con esa indiferencia que hiere al otro, sin compasión o empatía alguna. Siente que es como él (su padre) le enseñó a ser, por eso me decía que prefería sentir a no sentir nada con Aurora. Y es algo que teme y me pregunta hasta el final de la sesión, si se parece a él (su padre). Yo me dirijo a lo que se esconde tras esa frialdad agresiva, que creo es distinto en cada ocasión. Ante su madre, siente resentimiento por no haberla protegido, y esto le sale cuando la ve frágil a ella, no puede ser cariñosa con ella. Ante Aurora, la profesora, se defiende de sus propios sentimientos de atracción y afecto.

 

Yo le digo que quizá Aurora, en su aparente frialdad, puede sentir como ella misma, que también Aurora, cuando se muestra indiferente o fría, se puede estar defendiendo de los sentimientos de María, e incluso de los de ella misma, pero a María le cuesta ver esto, porque lo que siente es que Aurora debe estar enfadada con ella. Es una relación (la de ella con Aurora) en que ninguna da un paso adelante y aunque sea verdad lo que ella percibe, que Aurora siente afecto por ella, parece que en Aurora también prevalece la defensa ante ese afecto.

 

Yo veo ahora claro que el bajón en que caí el otro día tras la sesión no era sólo por mi fragilidad, sino también por su momento de crueldad. Ambas cosas dieron lugar a eso. Pero yo lo atribuí en principio sólo a mi parte, como me suele ocurrir.

 

Sesión 4

 

Está con miedo, miedo de la violencia de su tío perturbado, pero se centra en algo que le preocupa, algo que yo sugerí el otro día sobre que “ella está haciendo lo que el tío quiere”, le estuvo dando vueltas a esa frase y necesita decirme que ella sí está dispuesta a poner una denuncia, pero que ha de tener en cuenta todos los factores… Luego cuenta que, tras un saneamiento ganadero, se ha detectado un problema en algunos animales. Los profesores no ven nada alarmante, pero ella se preocupa mucho, prefiere no verlo (como hace con las notas), significaría que no ha sido capaz de llevar bien los animales. Que tuvo que decirle a una profesora que la ayuda con la explotación ganadera a su cargo que ella no es ya amiga y colaboradora de Irene, y se siente culpable por ello, por contar algo de lo que ocurrió entre las dos… Que una tía suya murió y que ella estuvo sintiendo en su cuerpo dolor, malestar, medio cuerpo dormido… sin saber lo que era, hasta que se enteró que su tía había muerto, y ella está segura de que eso es una premonición de las que le ocurren.

 

Pero lo importante de la sesión es la sutileza que tenemos en nuestra comunicación. Nos requiere a ambas mucho esfuerzo, pero yo siento que nos entendemos, aunque el diálogo es siempre muy sutil y complejo -y yo lo disfruto. Mucho de lo que hablamos es sobre en qué medida yo la creo o no. Habla de Aurora, de que ella siente que Aurora se relaciona con ella por un lado sin querer que haya nada entre las dos pero, a la vez, sin querer renunciar tampoco. Aparentemente es sólo su profesora, pero hace cosas que no haría por cualquier alumna… Y María teme que yo no la crea… Yo le explico que no puedo dejar de pensar en ella, como en toda persona, como capaz de dejarse influir en sus percepciones por sus propios deseos y temores, pero que eso no significa que yo no la considere, porque sí lo hago, como alguien que puede percibir con fineza. (Es así realmente, la veo muy sensible y realista conmigo misma, no se le escapa nada, a veces incluso inconscientemente, y puede ser así también fuera).

 

Le digo que este temor a que yo crea que ella miente tiene que ver con su historia de abuso, el no haber sido creída ni tomada en cuenta cuando quiso que su madre la defendiera, el tener los padres esa imagen de buenos ante el mundo, sin saber el mundo cómo se portaron con ella. Necesita, por tanto, mucha confirmación externa, mucho reconocimiento de su percepción, y cuando no es así se pone a la defensiva.

 

Discusión

 

Mari Ángeles Aranda: En primer lugar felicitar a Dolores por este magnifico trabajo. Por la capacidad, la paciencia, la tenacidad y el reconocimiento de lo propio y de lo ajeno, lo del otro, me parece fundamental en ese tipo de casos, donde la confusión, la falta de discriminación entre, precisamente, lo que es propio y su proyección en el otro es tan complicada y tan recurrente, se puede captar en la relación terapéutica en el texto. Quisiera preguntarte sobre una cuestión que hemos estado hablando acerca de la confusión entre la realidad de los hechos y la dificultad para contrastar los hechos de la realidad. Me faltaban algunos datos acerca de dónde está la sexualidad de ella. El problema de esto es que efectivamente la sexualidad del abusado queda perturbada. Nos preguntábamos dónde estaba la sexualidad de ella, respecto a la relación con el padre, donde la relación de cariño siempre queda enturbiada por lo sexual, si habías podido explorar cómo ella se ubicaba, en qué lugar de ella desear o no desear, con la culpa correspondiente, estos aspectos.

 

Lola: Pues al principio, ella no me hablaba de su propia sexualidad, y llegó un momento después de ya bastante tiempo hablando de estos recuerdos y hechos, en que yo le pregunté directamente -porque ya sé que esto es lo más complicado de estos casos- con cuidado, si ella había sentido algo en algún momento, diciéndole de antemano que eso suele pasar, que es natural, y sí que reconoció que había sentido. Esto en cuanto a su sexualidad del pasado. De hecho creo que en algún material que he leído ella habla de lo asqueada que se siente por haber sentido, que esto es tan difícil que ella cree que nunca va a poder superarlo.

 

Otra cosa es la sexualidad ya de adulta, en el presente. Ella antes de contarme estos temas había tenido relaciones sexuales esporádicas sin vinculación afectiva ninguna, ayudada porque se emborrachaba, con chicas que conocía. Se mostraba como una persona que no quería implicarse afectivamente porque no quería depender, no quería saber nada de eso pero sí tenía relaciones sexuales. Desde que salieron los contenidos de abuso no ha tenido relaciones sexuales. Poco a poco, asume sus necesidades afectivas, es capaz de hablarlas, después de años de tratamiento, y ahora incluso le duele no poder tener relaciones afectivas. Ahora, cuando se enamora lo hace intensamente con componente de deseo incluido. Pero el hecho de desear y sentirse atraída le hace sentirse mala, sucia, con mucho miedo, con fantasías de que el padre llega y la persigue, fantasías sobre el padre con mucha realidad “me va a matar”, de las que sabe que son fantasías pero esto no le quita lo más mínimo la intensidad del sentimiento de miedo. Además interpreta como acusadora a la otra persona si no le corresponde y es algo fría, lo ve como una acusación porque ella está teniendo deseos que son malos.

 

Manuel Abad: He oído que en los casos de abuso suelen ocurrir un par de cosas. Una que te vean a ti, la terapeuta, como posible abusadora. Me imagino que eso ha surgido porque ella se pone cerca de la puerta, o la deja la puerta abierta. Pero no sé si es un tema que hayáis hablado y cómo se ha tratado. Y otro punto que puede suceder en estos temas de abuso es el sentimiento o la necesidad de sentirse exclusiva, o elegida. Me pregunto cómo lo habéis vivido.

 

Lola: Yo no he sentido que ella tuviera miedo de mí como abusadora sexual, pero sí miedo de mí porque podía hacerle daño, está muy reflejado en la historia. Miedo de mí por compartir su intimidad. Cada detalle de su intimidad, como que le gusta una chica, ha tardado años en poder hablarlo tranquilamente, porque le parecía… al principio ella misma lo expresa con una frase: “tengo mucho miedo de que puedas utilizar lo que te cuente contra mí” y “tengo miedo de que me culpes de cosas que yo no he hecho”. Y ese miedo es incluso físico, si me voy a acercar a ella. Es miedo de que la pueda dañar física y psicológicamente, y que yo pueda usar todo lo que ella está poniendo en mí por su dependencia afectiva, para volverlo en su contra. Pero a la vez, ella sabe que es sólo miedo y que ella puede confiar en mí. En ella hay también la representación de un objeto bueno y eso ha estado ahí desde el principio, pero le ha costado mucho superar su tremenda ansiedad. Ha costado tiempo y el experimentar que puede confiar en mí, pero ella venía ya con estas relaciones sanadoras o salvadoras con profesoras que la ayudaban.

 

En cuanto a sentirse elegida, no ha salido en contenidos respecto a mi relación con otros pacientes o respecto a mi propia vida. Es tremendamente respetuosa. Con otros pacientes a quienes he dado también mi teléfono, después ha habido este problema de tener que poner límites, nunca he sentido que se produzca eso con esta paciente, ella me ha llamado cuando realmente lo necesitaba, nunca he sentido que se aprovechaba sino todo lo contrario, que yo tenía que insistirle.

 

Ella elige figuras de las que se enamora -su fisioterapeuta, profesoras- que están en cierta posición, sin embargo salva de su enamoramiento por ejemplo a mí y por ejemplo a esta profesora que ha sido su orientadora. Hay figuras en las que pone especialmente una función de apego y protección y a esas figuras las salva de eso porque yo no la he sentido conmigo seductora, claramente ahí ella ha puesto una diferencia.

 

María Muñoz Grandes: Yo quisiera hacerte unas peguntas que van referidas a cómo te manejas entre las teorías y la experiencia fenomenológica o personal que tú has tenido. Una va dirigida al tema de la autorrevelación y otra pregunta va dirigida al tema de la verdad narrativa y la verdad histórica.

 

Empiezo por la primera. En las lecturas que teníamos para hoy veo tres tipos de autorrevelaciones. Una la que enfatiza Maroda que trata de la revelación de la emoción en el aquí y ahora, la que siente el terapeuta como respuesta a las actuaciones del paciente, importante cuando hay identificación proyectiva, y cómo transmitirla. En ese sentido me parece que claramente tu enfatizas esto diciéndole cómo te sientes cuando ella es cruel contigo. Por otro lado, Renik enfatiza la autorrevelación como ir dando cuenta al paciente de las estrategias terapéuticas que uno va utilizando en la relación, un compartir abierto sobre cómo se piensa la relación y el tratamiento. Me da la sensación de que también le haces este tipo de autorrevelaciones. Además, Meissner habla de la neutralidad como algo parecido a la terceridad, como la capacidad del terapeuta de mantener siempre una metaperspectiva sobre lo que está ocurriendo en la relación. La pregunta es cómo te sitúas tú frente a estos tres modelos.

 

Lola: Bueno, aquí hay una mezcla -como siempre suele haber en el trabajo terapéutico- de lo espontáneo y lo teórico. Quiero decir que gran parte de cómo yo me he manejado con ella me ha salido espontáneamente. Pero como también soy consciente de lo que me alejo de lo que es un tratamiento típico, también lo he reflexionado mucho, fijándome en lo que hacía y pensando en ello. A su vez, conforme he leído a los autores esto ha repercutido en mi trabajo, hago las cosas con más convencimiento y claridad sobre lo que estoy haciendo.

 

Yo me identifico con Maroda, me ha servido esta autora porque además tengo un carácter por el que me sale así. Yo soy vehemente y con esta mujer me sale, aunque no tanto con otros pacientes, y que Maroda me lo “permitiera” claro que me hizo sentir bien. Además de que la paciente me lo reconociera directamente, que le hacía bien. Pero aunque ella no me lo dijera, yo me había fijado en eso, mi manera de expresarle que estaba enfadada no era tranquila “me siento enfadada contigo”, sino mostrando mi afecto. No creo que este modo de actuar estuviera bien con todo el mundo, creo que está bien con esta paciente, con otros no, pero con otros yo me contengo más… y si no lo hago pido perdón.

 

Respecto a decirle, a modo de Renik, cómo yo concibo el tratamiento esto es así en cuanto yo le he hablado claramente de mis dudas… porque ha habido ocasiones en que yo la he visto preparada y le he hablado a ella de mis dudas. Le he dicho que las cosas que me contaba me hacían sentir confusa sobre lo que realmente recordaba… A veces yo lo he tenido que compartir, porque me pesaba tanto al ver su necesidad de ser creída y por otra parte mi sensación de escuchar algo que parecía delirante, que pensaba que compartirlo con ella me resultaría liberador, y así ha sido efectivamente, porque lo he compartido de una manera limitada y en un momento en que ella estaba dispuesta a escucharlo. Y no ha habido muchos problemas sobre eso. Alguna vez ella ha respondido con ironía “Nada, nada, será que estoy loca”. Pero la mayoría de las veces ha salido bien, precisamente tengo aquí una sesión en que le transmito que yo dudo de la correspondencia exacta entre los recuerdos y lo que pasó, que ella lo nota, pero que eso no implica que yo no crea en ella, y le explico como pienso yo que funciona la mente.

 

Y por último, yo me identifico totalmente con la posición de Meissner de la neutralidad como una actitud, no como un comportamiento. Si tú tienes que decidir siempre, a la hora de abrirte, que lo que dices sea en bien del paciente y del proceso terapéutico, eso es ser neutral, porque se trata de olvidarse del propio beneficio y esta decisión se toma desde la neutralidad. Creo también que Renik dice cosas muy interesantes, pero creo que hay que mantener esa actitud de neutralidad. También veo que existe el riesgo que sostiene Meissner de que si uno abandona todo ideal de neutralidad, abrirse demasiado hace que te impliques afectivamente demasiado y, si es así, entonces es más difícil tener esa actitud de neutralidad, porque empiezan a pesar más tus propios deseos y temores, y se puede caer más probablemente en la actuación de seguir las propias necesidades más que las del paciente, se corre el riesgo de perder esa visión de neutralidad

 

Con lo cual, yo me identifico con todo eso. La neutralidad como una actitud hacia el otro que me hace contenerme de mis propios motivos y necesidades para estar más pendiente de las del paciente y poner mis intervenciones de apertura o no apertura al servicio del mismo.

 

María Muñoz Grandes: Sobre la cuestión de la verdad narrativa frente a la verdad histórica, me parece que entras con ella en una labor de tipo obsesivo sobre qué es verdad narrativa y qué es verdad histórica, que entiendo que como punto de partida es necesario, pero también se me ocurría cómo salir de ahí. Yo creo que por un lado tú le das la seguridad de que la crees y, por otro, está exactamente qué escenas son reales o no son reales. Ahí quizá es bueno decir que una vez que alguien ha sufrido eso y tiene sensaciones grabadas en el cuerpo se constituye un magma que puede haber sido formado de muchas maneras, con sensaciones corporales, con recuerdos y con fantasías y que no es tan fácil saber qué ha sido verdad y qué no una vez que ha pasado el tiempo. Sería importante hacer ahí una intervención para salir de esa labor detectivesca, decir “Creo que lo importante en cualquier caso es que necesitas trabajar sobre estos contenidos, vamos a dejar un poco entre paréntesis la minuciosidad del detalle sobre si exactamente esa escena puede ser real o no.”

 

Lola: Si, quizá tienes razón sobre explicarle más acerca del asunto, de todas formas tampoco es una cosa obsesiva. Yo en general me coloco en la posición de que la creo. Pero ha habido épocas en que ha sido algo inacabable, una escena y otra y otra. Yo en un determinado momento pensaba que, sabiendo ya todo lo que había pasado, después de lo que había contado, nada peor podía recordar, pero siempre había algo más. Yo he tenido miedo de la retraumatización, cuando se habla tanto de algo tan traumático. Y llegaba a pedirle que me hablara de cómo se sentía respecto a haber tenido esas experiencias, más que de cada detalle nuevo. Pero ahí ella me insiste, los detalles son algo que le viene y como le viene tiene que liberarse de ellos, tiene que contármelos como tales. Ella ha luchado no simplemente por hablar de sus experiencias de maltrato y abuso, sobre sus sentimientos, sino por contar cada detalle que le viene como sueño, como recuerdo o como fantasía, porque lo considera liberador. Seguimos en eso y ahí es donde vuelven a veces mis sensaciones de incredulidad.

 

Maria: Y desde el punto de vista de Renik sobre compartir nuestro pensamiento sobre la terapia, ¿por qué no compartir más este foco, de que así ella se está retraumatizando si recreamos eso, no sólo si es real o no?

 

Lola: Eso también lo he compartido, esa necesidad de hablar una y otra vez: en esta ocasión estaba debajo del armario, otro día en aquella otra posición, en el cuarto de baño… Le he dicho que no es necesario que recuerde y que hablemos de tantos detalles, porque iba a sufrir mucho y podría hacerle más daño. Pero ella dice que no, que después la persigue y es peor y tiene que contármelo, aunque le cueste y le lleve varias sesiones el poder hacerlo, porque dice que le afecta más si no me lo cuenta que si me lo cuenta.

 

Jose Antonio Méndez: Yo quería hablarte del tema de los sueños. Por un lado, sobre un paciente mío que explico muy brevemente, y por otro a propósito de los dos artículos que hicimos Mariano y yo sobre los sueños en Aperturas, en que revisamos una enorme cantidad de bibliografía. Una parte era sobre los sueños y el trauma y en concreto el trauma sexual. Hay gente que ha estudiado cómo los sueños son un puente… lo que pasa es que en el caso de esta paciente, en quien es probable que no esté constituida claramente la identidad, el yo o no yo, es una ventaja y un inconveniente, pero yo estoy de acuerdo contigo con cómo has llevado el caso. Mi paciente es alguien con quien yo llevo ya unos dos años y medio de tratamiento. Ha sido un niño muy maltratado, con padres muy primitivos, y que un día hace un año me dijo, “yo temo haber sufrido abusos de pequeño”. Llevábamos dos años de tratamiento. Me contó que había tenido un sueño, y luego ha habido más sueños en los que, en tercera persona, él ve, o lo oye desde una habitación de al lado, cómo un niño grita, el sueño hacía alusiones a un maltrato sexual. El problema es que, por un lado, el sueño es un vehículo estupendo por todo lo que un sueño es, porque permite elaborar, se diluye la represión, porque salen contenidos que no salen en la vigilia, etc., pero, por otro lado, el mismo proceso es confuso, y para una persona que desea ser creída es una prueba que un jurado no aceptaría, por decirlo así. Pero a mí me parece que lo que has dicho de la confianza es muy importante por una razón, porque la desconfianza en esta chica tiene dos aspectos. Uno es el daño agresivo directamente del abuso sexual, pero tiene otro daño, y es que su padre actúo como lo que nosotros conocemos bien, como objeto perturbador, no sólo no le dio determinadas funciones, sino que le perturbó la función fundamental de creer o no en su percepción, cuando en esos intercambios descritos ella dice haber sentido algo y el padre dice que no es así. Ahí es donde creo que la no autenticidad por tu parte sería completamente iatrogénica. Respecto a lo que dice María, yo tengo mis dudas, yo creo que los detalles son muy importantes, y que sólo la autenticidad le puede devolver a ella la confianza en sí. A pesar de que, a lo mejor, lo que tú le reveles tiene efectos problemáticos en algún momento, como, supongamos, que tuviera fantasías, o que se enamora de ti por algo que le has dicho… Yo creo que es un riesgo a correr porque me parece que el otro es mucho mayor, sería la iatrogenia. Que ella te diga que te ha notado de una cierta manera y tú le contestes que no, es del mayor peligro, que necesita mucho más, porque lo que tú le reveles de forma transferencial tiene muchos efectos en el tratamiento, y buscar los detalles, aunque lo del segundo aborto sea algo inverosímil, pero creo que ella necesita no sólo saber la verdad o no, porque no es sólo eso, sino que necesita tener certeza de que ella te percibe bien. Me parece que en este caso, aunque se parta de sueños, es un camino.

 

Lola: Hay que contar que esta chica es tremendamente aguda para ponerse en mi mente. Yo siento con ella que aunque hubiera querido no hubiera podido no ser auténtica.

 

Jose Antonio: Mi paciente me dijo hace unas dos semanas que a raíz de un sueño en que él está volando, en una habitación cerrada, alta, una especie de pasillo, abajo ve que le hacen a un niño… y él se lo comenta a su madre, que es una mujer profesional liberal aunque sus padres vienen de la inmigración interna del sur, son muy primitivos. Le dice a la madre el sueño y qué opina ella. A la madre le debió parecer algo muy esotérico y le contestó “es mejor olvidar esas cosas y no meterse en eso”. Tampoco sabemos qué significa, puede ser que con eso le dijese que eso es algo de su cabeza o que efectivamente la madre le esté diciendo que es verdad pero que mejor no tocarlo. Al provenir de los sueños es verdad que él duda, pero también lo es que se está abriendo un camino que sin sueños no se hubiera abierto.

 

Lola: El tema de la autenticidad de ella, por un lado va por el abuso, los sueños frente a los recuerdos, pero tiene otra vertiente, la de sus enamoramientos de figuras que aparentemente tienen su propia vida y su propia familia, y ella me asegura que percibe, aunque no hay ningún dato claro, ser correspondida. Entonces me hace dudar de que hable desde su deseo y no esté siendo tan aguda en ponerse en la mente del otro. Pero ahí ella reivindica mucho dos cosas: que no la crea loca y me crea que sus percepciones pueden ser reales -y yo dejo esa posibilidad abierta, es posible- y además que no le cierre sus perspectivas vitales: sí, puede ser una profesora o estar casada, puede ser muy difícil, pero ¿qué sé yo lo que puede pasar?, ¿cómo puedo decirle que eso es imposible? Una vez le dije algo en la línea de que “tú misma tienes tanto miedo que te acaban gustando personas imposibles.” Y se llevó mucho tiempo con este tema “¡Tú qué sabes si es imposible!”. Lo mismo ocurrió con la ruptura muy dolorosa con esta profesora que la orientaba y ella cuenta ahora que, de algún modo, la profesora no veía posible que ella acabara la carrera y colaborara en el departamento, ella cuenta que lo ha vivido con mucho dolor, ¿porqué es imposible que ella pueda acabar la carrera? Necesita que se confíe en ella, a pesar su pasado y su presente.

 

Emilce Dio Bleichmar: Largos años de conocimiento con Lola. Ella dice que le salen espontáneas este tipo de intervenciones y no están basadas en la teoría o el trabajo. Claro, esto ocurre después de veinte o veinticinco años de estudio y de trabajo, “le sale espontáneo”. Le salen espontáneas de una forma adecuada. Lola tiene una sólida formación y se nota muy claramente. Es cierto que debe haber un monto de espontaneidad vinculado a ciertas características temperamentales tuyas pero pienso que esto también es importante.

 

El tema de que ella es muy aguda para percibir tu mente, lo que sientes, los sentimientos del otro. Es cierto, creo que es importante en términos de esta diferenciación que tú haces, sobre si ella se identifica proyectivamente de forma continua y por tanto está muy confundida, o percibe bien. Pero una característica del maltrato infantil y el abuso sexual es lo que descubre Ferenczi en 1932, cuando, antes de que Anna Freud planteara el mecanismo de identificación con el agresor en el 36, él describe una identificación con el agresor que nada tiene que ver con el mecanismo descrito por Anna Freud como una especie de copia, en que si me maltratan yo me convierto en maltratador, si son agresivos conmigo yo soy agresiva. No es esta identificación especular, sino que lo que él describe es lo que pasa en la mente del maltratado o abusado, pasa que se identifica con lo que el agresor siente y piensa, no porque se va a sentir igual sino porque está con la vigilancia prácticamente de un agente de seguridad o de un guardaespaldas tratando de ver por dónde va a venir el tiro y, como el guardaespaldas, tiene que ponerse delante para eliminarlo. Su mente está siempre en la mente del otro, tratando de ver qué piensa y siente el otro, cómo calibra el otro, cuándo va a venir el papá o cuándo la mamá se deprime o cuándo uno está frágil… La consecuencia que habla Ferenczi de esto es que no hay subjetividad propia. Mari Ángeles preguntaba: ¿y ella qué siente? Claro, ella siente por supuesto, pero eso no va a quedar formulado o entendido, porque lo que ella siente es siempre lo que siente el otro. Entonces, efectivamente no parece una borderline típica porque si lo fuese la identificación proyectiva tendría que dispararse. Sin embargo, ella no se enamora ni trata de manipular la relación de manera de enamorarse y meterla a ella en la situación, es fundamental que se enamora de figuras teóricamente maternales compensatorias de la brutalidad y el primitivismo de su propia familia. Hay incluso una selección sutil e inteligente de ella. Porque da la impresión de que estos pobres padres vienen siendo víctimas de una transmisión intergeneracional del abuso y el maltrato. Seguramente si supiéramos cuál es la biografía del señor y de la señora encontraríamos cosas aún peores. No hay ninguna duda de esa selección que hace y el hecho de que sin embargo no manipule a Lola a mí me habla mucho más de un trastorno por abuso que un borderline por desorganización absoluta temprana. Es complejísimo, porque da la impresión de que ella cierta calidad de apego tiene y ha recibido, paradójicamente. Esto en el sentido de cuán aguda y observadora puede ser ella, es un tema importante porque también lo es para trabajarlo con ella, en el sentido de que en la medida que ella está pendiente de ti no está pendiente de sí misma, en la medida en que está tan pendiente de su estado de ánimo ella se perdió, sale perturbada por ti y no por ella. El tema es cómo trabajar para crear, ampliar, su propio self, su propia subjetividad.

 

Y en este sentido, creo que otro aspecto interesante sería cómo trabajar la problemática de si es verdad o mentira, de si es fantasía o ha sido el hecho real. Es complejísimo porque, claro, aquí estamos en un laboratorio y es fácil situarnos, pero en el día a día y en la relación esta problemática surge. Pero ¿es una problemática totalmente de ella o lo es de nosotros como terapeutas investigadores? ¿A nosotros nos interesa saber si fue todo verdad o mentira? ¿Ella también está metida en eso, se pregunta como muchas abusadas sexualmente “no, esto no puede ser verdad, esto lo debo haber soñado”? No lo que una le dice como terapeuta sino lo que ella misma va diciendo: “Esto lo debo haber soñado”. Utilizar este déficit de credibilidad que ella misma se otorga, para trabajar desde ahí, cuando uno toma ese punto de vista, deja de preocuparse sobre si será verdad o mentira. Ella, al estar tan conectada con nosotros dice “ah, no me crees”, pero el problema es de ella, que no puede establecer en su recuerdo qué ha sido verdad o no, no es de una. Esa es la problemática mental básica. Si uno toma por ahí: ¿Pero tú dudas? ¿Dudas de qué? Hay alguna experiencia de la literatura, y yo he trabajado con una persona que me ha ayudado mucho más que cualquier abuso sexual para entender este tipo de cosas, con gente torturada y además abusada sexualmente. El hecho de que ellas mismas duden de lo que pasó -y ahí había marcas- es brutal. Quizá para mí fue más fácil porque yo no dudaba. Pero en ese momento de la duda de ellas (me ha tocado trabajar con mujeres, aunque sin duda habrá hombres) ¿de qué dudas? Lo que va apareciendo es que ellas no pueden enjuiciar, tienen un bloqueo y una prohibición absoluta de enjuiciar lo que estaba, pasando. Se hunden en la emoción y en el hecho de que se sienten culpables porque gozaron, no hay ninguna duda que hubo goce, aun con el torturador. Se hunden en el tema de la culpa y la vergüenza del tema del goce, y no enjuician, no hay juicio condenatorio para el otro, para el padre, para el torturador. Ella está paralizada en la posibilidad de reaccionar desde el punto de vista subjetivo frente al daño emocional, cuando en realidad esto es lo que las podría rescatar, porque si observaron, ella habla muy poco mal del padre, “era muy agresivo” y punto, pero la gente puede ser agresiva y no perversa, o cruel. Hay muchos juicios para poder hacer en esas circunstancias, para elaborar esa situación, y creo que eso podría movilizar algo del tema fundamental del asco, la suciedad, la vergüenza y todo esto que sigue retraumatizándola. A mi modo de ver -y esto lo podemos debatir-, es cierto que en la medida en que ella se centra en el detalle de lo que ella sufrió, en el victimismo y el detalle y no está al servicio de el juicio de lo que allí ocurría y estaba pasando, de lo que significaba para ella y va significando para ella, de lo que no significó para el padre y el torturador, en ese sentido yo creo que puede ser algo retraumatizante, que ahí estamos empantanados en este tema. De cualquier modo, el paciente lo exige, de acuerdo totalmente, a mí se me ponían los pelos de punta de que quisiera otra vez contar.

 

La categoría de imposible. Sería interesante un trabajo a nivel de las creencias matrices sobre la categoría de “imposible”. Si todo ha sido posible en su existencia y ahora le decimos no, esto es imposible… Si es posible que el padre tenga relaciones con ella, que la madre la ayude con el aborto y que además no se acuerde…

 

Bueno, la frecuencia de las sesiones es un tema, porque es una patología tan grave que la vez sólo una vez por semana aunque sea una sesión larga, quizá daría otro juego.

 

Y el tema del detalle. En el detalle, ella no ha tenido relaciones sexuales desde que está en tratamiento, tiene enamoramientos, que son interesantes porque creo que uno podría plantear ahí que hay una cierta posibilidad de establecer un vínculo que podríamos desmenuzar, que a lo mejor no es sexual, o no es la motivación sexual la que hace buscar a las profesoras, y ella no tiene sexualidad. Una pregunta, cada vez que sueña, cada vez que cuenta un detalle, ¿no actúa su sexualidad, no es una actuación sexual? De ahí que el tema de la revelación permanente de los detalles sea complicado. Porque efectivamente necesita hacerlo porque necesita saber que ella gozó, pero ¿cómo se zafa de eso?

 

Lola: Bueno, son muchas las cosas que me están sirviendo. Respecto a juzgar al padre, puedo decir que cada vez está más presente. Investigar y preguntarme, “¿Cómo alguien puede hacer una cosa así?” Es algo increíble para ella misma, “Pero ¿estaba loco?, pero ¿mi madre estaba loca? Pero eso no lo justifica, no me digas que eso lo justifica…” Es un tema que afortunadamente está presente desde hace mucho tiempo. Me ha parecido clarificador lo que me dices de devolverle la duda como algo que está en ella.

 

Respecto a la sexualidad ella tiene no recuerdos sino fantasías provocadas voluntariamente de violación. Ahí hemos explorado si estas fantasías conllevaban excitación sexual. Porque ella me las transmitía como algo que tenía que hacer porque así se tranquilizaba. Ante estados de angustia indescriptibles ella fantasea con actos de violación y agresión hacia ella. A pesar de ser terrible, ella se engancha en eso. Ha habido momentos en que me ha afirmado que había excitación sexual y también otros en que no la había en absoluto, simplemente la tranquilizan, y a la vez se asusta de ellas, de necesitarlas, de por qué las provoca ella misma ahora si antes temía que ocurriera.

 

Respecto al número de sesiones, ella cuenta con una economía limitada, tiene una pequeña renta que recibe de la familia, pero que invierte en bolsa y que le sale bien. Bueno, tiene un dinero limitado para mantenerse un piso en la ciudad donde estudia, para vivir. No quiere además recibir más dinero de la madre porque luego la madre la chantajea con eso, le dice que debería estar más tiempo con ella, todo esto es complicado.

 

Concepció Garriga: Yo te quería agradecer muchísimo, porque no sólo hablas de la autorrevelación en el caso, sino que te has autorrevelado a ti misma delante nuestro con el trabajo dificilísimo, has sido autorreveladora mostrándote tú en el trabajo. Y a medida que iba transcurriendo la sesión me iba viniendo a la mente un artículo de Virginia Goldner, “Cuando el amor hiere”, en este artículo hay una frase que no voy a poder reproducir tal cual pero que viene a decir algo así como “La mayor guerra que se está librando en el mundo tiene lugar en las familias.” Bueno, nosotros con nuestro trabajo somos testigos continuos también y esto que tú traes es un ejemplo palpable de este horror. Lo que me hacía pensar es cómo ser testigos también traumatiza, cómo tenemos necesidad de elaborar este trauma de muchas maneras y una de ellas me da la impresión de que pasa por mostrar este horror también y mostrar las dificultades para hacernos cargo del horror que está teniendo lugar, tal como tú lo haces.

 

Luego hay otra cosa que también vale la pena que añadamos como plus a lo que se ha ido diciendo, respecto a la duda de creerla o no creerla, creo que además de lo que has contado de que ella duda de sí misma, creo que eso está tan negado por el entorno social, pero no sólo social, muy particularmente dentro de esta familia lo que sucede es que está completamente naturalizado lo que está sucediendo, la madre no sólo colabora sino que cuando ella se queja le dice que “No te pasa nada, ¿por qué lloras si no te está pasando nada?”. Y el padre la está abusando delante de la madre. O sea que hay una negación presente y ella tiene que poder nombrar todo esto que está tan normalizado. La duda también tiene que ver con esto. Incluso también pensaba que estas figuras del matrimonio vecino que van a protegerla, por algún lado sabrán algo, es todo muy…

 

Lola: Ella llega a decir “este matrimonio que estaba siempre conmigo y que tenía miedo de lo que me podía llegar a hacer mi padre.” Pero el padre era ambas cosas, abusador sexual y también era maltratador. Por ejemplo, ella arreglaba una bicicleta y si le salía bien el padre luego se ponía encima a patearla y romperla. Ella cuenta cosas terribles que no tienen que ver ya con la sexualidad, sino con un sadismo del padre. Por otra parte, fuera de casa era un hombre respetado, era maestro, pero estoy segura de que en la casa los personajes que la visitaban algo tenían que notar, bien de lo sexual o de la parte agresiva.

 

Rosa Pardueles: La misma ocurrencia que habéis dicho antes, que no me extraña que para esta chica todo lo que le ha pasado es tan tremendo, que para ella no hay nada imposible. A parte de eso, mi pregunta era que a mí el relato lo que me produce al leerlo es impacto, y pensaba si en algún momento habías trabajado con ella, el tema es que ella cuenta todos los detalles del relato, lo que busca es impactarte a ti, al trasladarte el horror que ella ha debido de vivir, independientemente de la parte que te cuenta sea cierta o sea fabulada, pero que está el deseo es transmitirte a ti el horror que ha podido sentir, lo que le ha podido pasar. Creo que debe haber esa mezcla de fantasía y realidad y que también podría ser conveniente el trabajarla para que ella… sobre todo porque el padre ha hecho esa labor de hacerla dudar de su inteligencia y su capacidad mental. Y no sé hasta qué punto puede ser bueno que ella consiga poder dudar de ello, de su relato, de algo tan horrible que le ha ocurrido.

 

Lola: No lo creo, no veo que le tranquilice dudar de su relato, lo que necesita es más bien que la crean y creerse a sí misma. Pero sí es algo que compartimos y está muy presente el impacto en mí de lo que me cuenta, precisamente porque es tan empática. Hay materias que especialmente le causan tremenda angustia, como la química, porque están relacionadas con recuerdos de abusos del padre, de cuando estudiaba de pequeña, materias que ella tiene ahora que dar en la carrera. Ella, ahora ya que se atreve a apuntarse, necesita tener una buena relación con la profesora e ir a hablar con ella personalmente y contarle que ha tenido un pasado difícil y algo del abuso para estar más tranquila en clase, para que sepan las dificultades que tiene, pero se queda después muy preocupada de haberle causado una angustia que no debería. Y si esto le pasa con la profesora, le pasa mucho conmigo, pero es algo que manejamos con mucha complicidad. Hay veces en que ella me cuenta algo y yo suspiro -porque me siento abrumada- y ella me dice “¿Duro verdad? ¿Sigo o no?” Hay mucha complicidad en lo duro que es para ella contarlo, lo duro que es para mí escucharlo y creo que es terapéutico que las dos podamos compartir este momento, realmente yo lo veo como algo entrañable, imagino que ella lo vive también así. Creo que es terapéutica esta identificación mutua.

 

Susana Espeleta: Pensaba que con esto de la narrativa sobre el abuso probablemente pasan varias cosas. Creo que una de las cosas que pasan es que ella trata de controlar sus síntomas de estrés postraumático. Probablemente tiene muchos síntomas intrusivos que no controla como pesadillas, flashbacks, y que ella tiene una respuesta contrafóbica al recrear todo esto, tiene fantasías, sueños que necesita prolongar, contando las cosas más horribles, fantasea con violaciones porque creo que ella está tratando de hacer una desensibilización sistemática de su propia vida. Creo que sería bueno que ella entendiera qué está tratando de hacer su mente. Cuando ella está fantaseando que la violan y eso la tranquiliza, la tranquiliza porque está tratando de acostumbrarse a su mundo interno, de hacerse a la idea. Lo que sucede es que yo creo que el tiro le sale por la culata, porque esto al final sí que la retraumatiza. Probablemente, digo cuando tú lo pienses, porque creo que sí que tiene que compartirlo contigo, yo no negaría toda la salida de material, pero cuando tú pienses que hay algo inadecuado es porque lo está habiendo. Y que a lo mejor que tú no la pares cuando sientes que tienes que pararla en las recreaciones es negativo porque ella está, como cualquier víctima de un trauma, sobreidentificada con el trauma. Es su identidad fundamental, se está relacionando con las personas de su vida presente desde esa identidad, y es una identidad que tiene que ser recogida pero no debe estar sobreinvestida. Y si tú tomas su respuesta contrafóbica de no soltar la rememoración del trauma y no la paras en ningún momento, ella no va a ser nunca nadie más allá de alguien que ha sido violada. Entonces, yo haría un doble trabajo: la recogida hasta que tú sientas y situarla en el presente, en que ella no es sólo la niña violada de su padre.

 

Lola: Estoy totalmente de acuerdo con muchas cosas que has dicho. Lo del control activo lo tratamos mucho, la función que podían tener para ella estas fantasías voluntariamente creadas, cómo sentir que ella controla ante una situación de tantísimo miedo y angustia. Pero a la vez cómo ahí le salía el tiro por la culata porque eso acababa produciendo retraumatización y sufrimiento.

 

Respecto a la sobreidentificación con el trauma, tengo otras pacientes que también han sido abusadas y, es verdad, acaban yendo por el mundo como si el trauma del abuso le diera su identidad, como si no hubiera otra cosa aparte de esto. Tengo una paciente -ni mucho menos tan grave como ésta- que también sufrió un abuso por parte del padre, en la que salió de ella misma decir “¡Pero es que todo lo que me pasa va a ser por el abuso! Tengo que romper con esto”.

 

Emilce: Creo que esto sería interesantísimo trabajarlo, cuando ella les cuenta a otras profesoras lo que a ella le pasó, podría pasarle cualquier cosa pero ella se presenta como la abusada, aparece ahí la identidad de abusada que hay que combatir.

 

Ángela Soler: Yo quería preguntarte si ella tiene una red social, si aparte de esas figuras protectoras tiene otro tipo de relaciones. La otra es el tema de la medicación, si has investigado eso de las alergias.

 

Lola: Mira, sobre eso, la red social sí que la tiene, sí tiene capacidad de relacionarse, tiene mucha simpatía, maneja el humor, y en el tratamiento hay muchos momentos en que nos reímos juntas porque es realmente simpática. Tiene primos y primas y compañeros de clase, amigos. Limitada, porque no son relaciones muy íntimas, pero si tiene relaciones.

 

Ángela: ¿Es desconfiada?

 

Lola: A la hora de compartir su intimidad sí, pero no a la hora de mantener una amistad. Ella manifiesta que desconfía más bien… a ella no le gusta depender afectivamente, y no le gusta establecer unas relaciones en las que el otro le exija mucho, lo siente como intrusivo para ella. Si el otro le exige demasiado, quiere verla más de la cuenta, etc., ella se agobia por su espacio personal, como le pasa literalmente en el tratamiento. Pero tiene amigos con quienes se siente bien.

 

Sobre la medicación, le he preguntado mucho, especialmente en una época en que estaba durmiendo mal y temiendo por lo peligroso que puede ser eso -porque ella es alérgica a antibióticos, ansiolíticos, a prácticamente todo, es una alergia que padece también su madre. Pero en una ocasión le sugerí que fuera a un médico especialista en alergia para que pudiera tomar un ansiolítico, y estuvieron poniéndole pequeñas dosis del medicamento hasta que una de estas dosis le sentó mal y ahora tiene mucho miedo a ponerse mal por sus reacciones ante los medicamentos, a estar mal no solo psíquica sino físicamente.

 

Emilce: Bueno, quizá ahí se podría incidir en un buen seguimiento y una buena consulta, porque es una pena.

 

Inma Sánchez Hita: Quiero transmitirte algo que hemos estado hablando en el intervalo. Tengo la sensación de que es una persona que ha pasado y está pasando la vida viviendo con el terror. Y está creando una narrativa. Lo que nos preguntábamos y yo te plantearía es si, a la vista de esos trastornos en la percepción, esa relación con la realidad, esa manera de percibirte a ti, ¿has descartado que parte de lo que traiga sea delirante, que ella la esté estructurando porque la necesita, pero que me parece que mientras entra en detalles está saliendo de un estado primario, pero por la pura indefinición sobre todo de su madre, que no está definida, el padre es malísimo pero hay un dibujo. Nos preguntábamos qué pasaría con algo de medicación, no ansiolíticos sino de antipsicóticos, qué harían sobre esta alteración de la percepción, de su principio de realidad, sobre esa proliferación de detalles, qué harían…

 

Lola: Ella es alérgica a todo.

 

Inma: Pero facilitaría, porque si no me parece que ocupa tanto, verla como con una parte psicótica.

 

Lola: Es algo que me pasa por la mente, y es algo que voluntariamente descarto porque no me parece que me lleve terapéuticamente a ningún sitio. Es decir a veces me planteo si hay algo delirante, si hay algo de psicótico, pero creo que en este momento lo mejor que hago por ella es otorgarle credibilidad. Y por eso lo tengo como aparcado.

 

Inma: Lo digo por la medicación.

 

Lola: Ahí ya digo que ella se resiste mucho, porque reacciona muy mal.

 

Inma: Pero tú tienes un vínculo con ella y puedes orientarle…

 

Lola: Yo puedo indicarle que vaya al médico, y ya te digo que pasamos una vez por eso, y eso seguirá estando ahí. Podemos verlo en su batalla con el orden, ella habla mucho de un problema vital diario: necesita el orden pero no puede tenerlo. Eso es un reflejo del orden que no puede y quiere tener en su cabeza, y ese orden es esa narrativa de la que estamos hablando que estoy segura tiene parte de realidad y parte de fabulación. Es lo único que tengo claro, en qué medida hay más de aquí y más de allá es algo en que me pierdo. Sin embargo sí estoy segura de que necesita que la crean, y en eso me centro. Pero sí veo que si pudiera darse esa posibilidad abriría…

 

Emilce: Sí, pero lo que ella te plantea es lo importante que puede ser la medicación…

 

Jose Antonio: Hay un punto en el problema por el que yo no me inclino tanto a eso. Si está en el borde de la psicosis como estructura, puede ser, más que un ansiolítico, si hubiera que medicarle, habría que ponerle un antipsicótico en dosis muy baja que actúa mitad antipsicótico mitad ansiolítico. El problema serio ahí es que supongamos que le pones uno de estos fármacos, ella abre la caja, lee el prospecto y puede acabar la terapia. Yo no descarto que exista el núcleo, pero si efectivamente existe el núcleo sería una psicosis muy egosintónica, incorporada incluso como relato, y habría otro problema añadido, que esto la podría dejar sin relato, sin construcción y quizá la deja en el vacío.

 

Emma: Me voy a animar a hablar porque la verdad es que esta ocasión me motiva muchísimo, el material me dio motivos para pensar.

 

Creo que lo que tú llamabas tu vehemencia, no sólo es espontaneidad sino que más bien manifiesta una intención con ella y una identificación constante con la paciente, aunque luego lo traduces en las autorrevelaciones.

 

En primer lugar, más allá del tema sexual, terapéuticamente a mí me sirve pensarla con una paciente con disociaciones importantes y con sectores en su mente que funcionan de forma diferente. A veces estás relacionándote con alguien que funciona de una manera más diferenciada, que diferencia realidad y fantasía, y en otros momentos con alguien que realmente funciona de un modo mas indiferenciado, y que esto lo hace a momentos distintos, distintos posicionamientos. Creo que la confusión realidad y fantasía es estructural, los sueños mismos muestran fallas importantes en la simbolización, son sueños muy directos donde no hay demasiada deformación, sino que parecen que funcionan alucinatoriamente como si fueran eventos reales.

 

Por otro lado, la confusión entre realidad y fantasía, claro que hay una alteración del contacto con la realidad, porque la realidad no es normal, es una hiperrealidad, muy invasiva, donde hay un otro enorme que no dio lugar, en la que ella estuvo en el lugar de objeto y no en una relación entre dos sujetos. Entonces me parece que lo que tú estas teorizando en el trabajo con ella consiste justamente en la creación de la intersubjetividad, dos sujetos que sienten, porque me parece que en esta paciente hay un núcleo puro de lo real sobre lo subjetivo, y están creándose como espacios psíquicos.

 

Por otro lado, creo que hay como una sobresaturación de sentido, me parece muy importante no interpretarle demasiado el contenido, sino trabajarlo justamente en lo intersubjetivo como creando lo intrasubjetivo. Al ser un hecho consumado, me parece que no dio lugar a la creación de la fantasía en el sentido que entendemos por fantasía erótica. Ella parece que confundiera secundariamente una especie de fantasía de control de la realidad casi alucinatoria, está creando otra realidad y otro sentido de la realidad, donde hay otro que la sigue empáticamente en lo que le va pasando. Entonces esta problemática de si creerla o no a mi me parece fundamental para darle un lugar de sujeto, es un poco la pregunta de quién es ella, si hay otro capaz de verla, porque a ella no la vieron el papa y la mama. Como “¿Quién este señor que me abusa, es mi papá’, quién esta señora que me manda a la cama de mi papá, es mi mama?”. Creo que ella debe haber vivido como niña una sensación de irrealidad permanente. Entonces creo que creerla, no creerla, es ayudarla a constituirse como sujeto.

 

En cuanto a la técnica del tema de la violencia, es cómo incluir el interés real de su violencia. Yo creo que ella nació en interés de la violencia, el padre le interesaba usarla como objeto sexual. Comunicarle tu pensar y tu sentimiento yo creo que está en la línea de ir creando como dos interioridades psíquicas en contacto, no solo dos cuerpos que se interpenetran a un nivel de una cosa muy real donde no se pudo crear nada simbólico nada imaginario de forma coherente.

 

Por otro lado, me da la impresión de que ella teme erotizar la relación contigo, no tiene relaciones sexuales durante el tratamiento, me parece llamativo respecto de la transferencia. Me parece justamente como que la erotización está asociada a violencia y a indiferenciación en ella. Ella necesita construir contigo otra forma de relación, con objeto de que la cures sin erotismo, que tu interés en ella no sea sexual, por eso necesita poner esa distancia sexual contigo. Yo me pregunto cómo ir trabajando este aspecto en el tratamiento, que no puede quedar por fuera, cómo ayudarla para que lo sexual esté en ella de otra forma.

 

Por último pensaba que todo lo que ella está construyendo con la explotación de ganado familiar, es para ella como reparación, reparación de lo incestuoso su sexualidad.

 

Lola: Muy interesante lo que has dicho y quería contestar algo a lo que has comentado sobre lo sexual en la transferencia. Alguna vez yo le he hecho una alusión a su propio miedo a que pudiera darse eso en nuestra relación y ella me lo negó muy radicalmente y no insistí. No la veía seductora, le veía miedo por algún contenido relacionado que había salido. Por otro lado, una vez, en una época en la que ella estaba muy mal -era la época en que ella se escondía, se sentaba en el suelo tras el diván, semiescondida entre el diván y un mueble- en esta época un día vino y me pidió que me sentara yo más cerca, no en la silla de siempre sino en la que hay al otro lado del escritorio, que está más cerca de ella. Me dijo también -ella me dice mucho lo que le sirve y no le sirve de mi intervención, y eso me sirve a mi también-: “Si a mi me sale hablar como una niña chica, ¿podrías contestarme tú en presente? Si te digo “ayúdame, no me dejes sola, no dejes que me haga eso”, contéstame en presente a algo así”. Creo que ella venía dispuesta a tener una verdadera regresión en esa sesión. También me dijo que igual le servía poder tocarme, que nos diéramos la mano, que le cogiera la mano, la acariciara. Yo me quedé sentada en la silla más cercana, le dije que sí, que yo esperaba que ella hiciera lo que deseara. Al final en la sesión no pasó nada de esto, ella siguió hablando en pasado y yo le contestaba en pasado, yo no hice el más mínimo movimiento de iniciativa, ella no me llegó a coger la mano y yo tampoco se la cogí.

 

Evidentemente hay dos razones para que yo no hiciera el más mínimo movimiento de iniciativa. Por un lado me parecía que iba a ser intrusivo para ella. Y además, yo no estoy cómoda tampoco con esta modalidad, tengo mis propios bloqueos, otro terapeuta con otra personalidad probablemente hubiera dado más campo a eso, no se sabe cómo hubieran resultado, si mejor o peor, siempre diferente, eso nunca se sabrá.

 

Hugo Bleichmar: Yo quisiera sumarme al agradecimiento, felicitación es poco, agradecimiento a Lola, por su trabajo y por lo que es ella como persona, no sólo lo que está presentando a nivel clínico, sobre todo alguien que se reveló mucho más todavía en la discusión posterior y en las respuestas, de lo que siempre pensamos muchos de ti Lola, lo que tú aportas, en cuanto algo que crea un nivel de honestidad y transparencia que es lo verdaderamente terapéutico, el vínculo humano es prácticamente confianza, prescindiendo de que el otro esté sensible, que tú aportes eso y la paciente te pueda ver así, creo que eso es ya enormemente terapéutico.

 

Se han traído muchos problemas y no quiero ahondar en ello. Quiero tomar simplemente la transferencia. Más allá del nivel del relato, en el nivel procedimental ella mantiene una distancia-cercanía muy particular, deambula por el consultorio, deja la puerta abierta acercándose y alejándose, yo creo que eso refleja lo más profundo de ella, un deseo de acercamiento y un temor, una transferencia con temor, transferencia con angustias persecutorias, pero transferencia con deseo de apego, si uno piensa en el tipo de apego desorganizado, en alguien que se acerca y en el momento en que se acerca se asusta del acercamiento. Pero no solamente se asusta de lo sexual, se asusta de la violencia. Ella tuvo sentimientos de violencia física por la pequeñez, por el tamaño del padre, dice que sintió algo duro… Tiene la sensación de estar frente a una figura muy poderosa. Creo que éste podría ser un tema de tratamiento, este deseo de acercamiento y al mismo tiempo la no confianza pero en un sentido no ya confidencial, sino de un sentimiento más primitivo, el sentimiento de terror.

 

Hay un tema que me parece muy claro. Tiene terror al hombre, terror a la penetración, ella a través del contacto y el enamoramiento hacia las mujeres busca dos cosas: por un lado buscaría apego, alguien en quien confiar, alguien que no reproduzca el trauma; también busca sexualidad, entonces ella hace una búsqueda fóbica de la sexualidad, alguien que no tenga pene. Creo que es un tema que valdría la pena, en la medida de que tú veas conveniente, explorar. Cuando ella dice que no, tú paras la exploración, pero sería un tema interesante porque no creo que sea una homosexual estructural, la veo como una homosexual defensiva. Freud trabajó muy bien el que de una frustración en un nivel nace una homosexualidad que es defensiva, él trabajó sólo el tema de la homosexualidad defensiva por el trauma narcisista, pero hay una homosexualidad defensiva por el terror corporal. Entonces, yo aquí tendría en cuenta fantasías kleinianas, fantasías de un cuerpo que se siente verdaderamente amenazado. Con mucha calma.

 

Me gustó mucho la intervención de Susana, por el riesgo de congelar una identidad. Y ella es alguien a quien tienes que hablar en tres niveles, a la niña que siente miedo, a la niña que siente el control de la situación traumática a partir de la repetición -eso está en Freud en el juego del carrete, se busca activamente lo que se vivió pasivamente, es lo que se estudia en el masoquismo sexual, las fantasías masoquistas sexuales con la violación, aquello que sufrió pasivamente lo reproduzco con control activo- pero, además de todo eso, lo que creo que hay que destacar es lo que ella realmente es capaz de hacer, los vínculos que es capaz de llevar a la realidad, la relación que tiene contigo, lo que en este momento de una manera muy caricaturesca se empieza a hablar como psicología positiva dentro de la psicología cognitiva, que se desarrolló a partir de Seligman, que a mi modo de ver ellos han tomado simplemente como una técnica, pero que creo se puede incorporar dentro de un modelo de reconstrucción de la identidad y entonces se le de una sensación de totalidad. La idea de múltiples selves es enormemente rica y dentro de ella valdría la pena introducir la técnica de la psicología cognitiva en un marco conceptual distinto.

 

Por eso me pareció muy interesante lo que planteó Susana. Por un lado, ella queda traumatizada y con confusiones… pero en la bolsa le va bien, lo digo con ironía, pero hay niveles de realidad que maneja bien. Por otro lado ella dejó de estar buscando figuras con las cuales tener una sexualidad, yo creo que porque controla el apego, claro que comparto lo que dice Emilce, cuanto más veces por semana se ve un paciente mejor, pero hay una realidad, por eso me pareció muy acertado lo de las dos horas, eso da un espacio en que no se interrumpa la posibilidad de acercarse porque a ella le cuesta, hay ella quiere el apego, le cuesta y te tienes que ir de la consulta para que ella se despegue. Yo se lo contaría, se lo diría, y eso sería para mí el tipo de confesión, de autorrevelación. Es lo que antes se llamaba confesión contratransferencial, pero la expresión de confesión contratransferencial tiene una connotación negativa, por eso el movimiento relacional resolvió llamarlo autorrevelación, es interesante, para quitarle esa carga, autorrevelación terapéutica. Para mí autorrevelación tiene algo de compartir, significa que hay algo que es previsible, hay algo que hacemos entre las dos, te estoy pidiendo acuerdo para esto, fíjense que compartir el plan, en esta paciente particular, es enormemente reparador de lo traumático, porque lo traumático se impuso sobre ella sin que tuviera ninguna capacidad de decisión, mientras que al compartir el plan, cuando uno comparte se expone a que el otro diga no, y allí hay autonomía para la paciente. Porque lo más terrible de la situación traumática es que aparece bruscamente en un momento al arbitrio de la otra persona. De modo que me parece que estás haciendo un trabajo magnífico, yo creo que se podrían recoger las cosas que se fueron diciendo aquí. No se cómo, pero valdría la pena ponerlo en papel, porque me ha parecido una reunión realmente muy útil. Como este material no se puede exponer… quizá recoger las ideas de la discusión y por ahí hacer alguna publicación,. Está la grabación y me gustaría que se recogiera, porque pienso que es muy interesante todo lo que se ha dicho y vale la pena seguir pensándolo y plantearlo como un proceso de elaboración en esta problemática tan complicada de la autorrevelación.

 

Lola: Entre todo lo que me has dicho hay cosas… como hay mucho material he tenido que seleccionar y hay muchas cosas que no he podido contar. Al principio la paciente incluso se regodeaba en su posición de que no quería vínculos afectivos, iba de “dura” cuando yo le hablaba de que esa necesidad la tenía todo el mundo, ella se resistía. Poco a poco se ha ido reblandeciendo y ahora incluso le duele no tener una relación de pareja que es lo que desea. En toda esta trayectoria ha habido un momento en que le dije que veía que ella tenía el deseo de que yo la adoptara, tenía que ver con esto de que le costara tanto terminar y con más cosas que no recuerdo en este momento. Como suele ocurrir, ella de momento siempre te dice que no “¡Cómo me dices eso! Pero más tarde si que me devolvió “Sabes que tenías razón, hay algo en mi…” Y sí lo ha podido ver, sí se ha trabajado.

 

Hugo: Cuando tú le dices que ella quería que tú la adoptaras y ella te dice que no, quizás es algo que la sorprende, porque no está esperando una interpretación de ese tipo, ocurre cuando se revela algo del inconsciente que uno no está esperando. Quizá la forma es “Yo me pregunto y quisiera saber a ver cómo te parece a ti, estuve pensando…”, e ir dando tiempo para evitar la sorpresa, no de la brusquedad sino de un contenido que no ha sido pensado.

 

Lola: Sin duda, por eso ella presta tanta atención a las palabras. Le digo algo y ella de momento rechaza la palabra, le parece que no está bien expresado, que para ella eso significa otra cosa. Pero con el tiempo me suele reconocer que sí, se identifica con lo que dije, es el contenido lo que en principio rechaza.

 

Enrique Jovaní: Quiero formular un poco la hipótesis que yo me he construido de lo que pasó. A mí me da la sensación de que la madre debió de vivir ella ya la sexualidad en relación a los hombres de una manera muy traumática. Ella tenía hermanos violentos e intrusivos, seguramente en la relación con su marido, tenía un marido violento e intrusivo pero además una cantidad de representaciones internas de la violencia de los hombres. Yo me imagino que la madre no podía manejarse con la sexualidad del padre, y entonces necesitaba a la hija como un colchón interpuesto entre su marido y ella. Entonces, tengo la sensación de que la necesitaban los dos, el padre para descargar su sexualidad y la madre para ofrecerla al padre para su sexualidad. De hecho cuando ella se marcha a la ciudad para estudiar, la madre le arma una pataleta, no te vayas que yo te necesito y ella se siente muy culpable de abandonar a la madre en manos del padre.

 

Por un lado, me parece que a nivel sexual fue usada de esa manera realmente brutal, pero junto a ese uso yo creo que hay una creación tremenda de los padres, tanto el padre como la madre, para estar desdibujando esta realidad. Esta labor de desdibujar la realidad, de no reconocerla como tal, para mí es terrorífica, esto puede psicotizar. Piera Aulagnier tiene el caso Philippe, donde muestra cómo una madre va desdibujando la realidad y el hijo se va psicotizando. Esta presión de las amenazas del padre, para que eso quede en su inconsciente -para mí no es tan difícil meter en lo inconsciente cuando quieren y te presionan para que eso se quede apartado y no salga. En este trabajo me da la sensación, yo por lo menos trataría de ir viendo en el material todo lo que el padre hacía para destruirle el pensamiento, para volvérselo del revés, porque hay ejemplos evidentes, todas las amenazas del padre, todo aquello que hacía presión para que ella cambiase las cosas y las llamara de otra manera. Toda la presión de la madre de “No te está haciendo nada”, todas las presiones en ese sentido. No me extraña que cuando ella está empezando a hacer una labor contraria, que es sacar a la realidad y contrastar cada uno de los detalles -es importante cada uno de ellos- son detalles de vivencia de abuso y de inermidad frente a una situación brutal. Entonces, a mi me parece correcto que se haga, porque normalmente cuando un niño puede compartir la historia con la madre “ahí estuvimos en tal sitio…”, este compartir va constituyendo lo que ha ocurrido, lo constituye como realidad. Le da el estatus de realidad a algo que si solo queda dentro del psiquismo puede ser una construcción psíquica de uno. Yo tengo la sensación de que ella no te está pidiendo que seas sólo una madre, sino una madre específica para reconstruir como real toda una gama de experiencias en las que a ella no sólo no se la ha acompañado, sino que se le ha negado que sea una realidad. En ese sentido, la demanda de ella a ti de que la creas tiene un valor tremendo, para que estés en el lugar opuesto al del padre. Ella necesita que le creas, yo no quito que haya otras labores además de esa…

 

Lola: Necesita que la crea y a la vez necesita que sea sincera con ella, son funciones a veces opuestas y yo me tengo que manejar entre esas dos necesidades.

 

Enrique: Sí, bien, pero lo que quiero mostrar es que tú tienes que hacer la labor contraria a la de los padres. Todos los demás aspectos me parecen muy bien, pero esto de ir en la línea absolutamente contraria de la labor de los padres me parece fundamental.

 

Reflexiones después del debate

 

Durante los días siguientes a la presentación del caso, naturalmente estuve pensando mucho en el tema. Y en determinado momento tomé conciencia de algo que me produjo gran curiosidad: cuando pensaba en la exposición, al recordar momentos del debate, yo me imaginaba a María, la paciente que había compartido con unos 50 terapeutas miembros de Forum, con un físico distinto, como otra persona diferente de la paciente real a la que estoy tratando. Esto me sorprendió a la vez que me llenó de interés, intenté entonces darle una explicación al fenómeno. Había en mi mente ya dos Marías, la paciente a la que trato desde hace varios años y cuya historia había resumido para contarla, y otra figura nueva, diferente, ésta con el pelo largo, quizá algo más joven. ¿Qué podía significar eso?

 

He llegado a la conclusión de que manifestaba un fenómeno que tenía que ver con el esfuerzo que yo había realizado para crear un espacio intersubjetivo con el grupo, un conjunto de terapeutas por el que yo siento gran respeto profesional y que no dejaba de provocarme temor escénico. Yo partía, de cara a la exposición, de una mezcla de motivaciones que podían ser contradictorias: por un lado quería defender el caso, mi manera de ver a la paciente, mi manera de llevar el tratamiento, por otro quería mostrarme abierta a lo que desde una visión externa se me ofreciera, estar en una posición en que no me importara reconocer algo que pudiera haber hecho de otra manera o alguna opinión que me resultara valiosa sobre aspectos que yo no hubiera visto. Por una parte creo que esto tiene que ver con un interés real por el proceso terapéutico con la paciente, pero también está el cuidado de mi relación con los colegas, el deseo de que no fueran implacables conmigo y por tanto comenzar con una actitud en que yo no lo fuera con ellos. Para decirlo claramente, aplacarlos a ellos, por mi propio temor persecutorio de posibles críticas.

 

En el marco de este, llamémoslo, “esfuerzo intersubjetivo”, se creó en mi mente la representación de una nueva paciente. Ésta tenía algunas características de la representación basada en la real pero, sin embargo, era diferente en otras, porque respondía a la representación que los miembros que habían intervenido habían creado en su mente, de acuerdo a cómo habían privilegiado la información, de acuerdo a lo que ellos más habían tenido en cuenta y lo que se les había ocurrido y me habían ofrecido como aportación.

 

Y sentí que si yo pretendía trasladar a la realidad algunos de estos consejos, no podía hacerlo con la María real, aunque fueran adecuados para la María nueva creada en conjunción con el grupo.

 

Todo esto me parece interesante como un tema más para explorar tras esta experiencia. Creo que en este debate han surgido problemáticas muy diferentes e importantes en sí mismas que merecen seguir trabajando en ellas. En primer lugar, el tema por el que yo preparé en un principio la exposición del caso de María: la técnica de la autorrevelación, cómo y cuándo utilizarla. En segundo lugar el tema del abuso sexual temprano y sus consecuencias, con todo lo que éste implica en cuanto al valor de los recuerdos recuperados de hechos traumáticos. En tercer lugar, el trabajo con casos borderlines, que se mueven en la línea entre una posible psicosis y la neurosis. Ahora pienso en un cuarto tema, las consecuencias de la exposición pública de una historia clínica, ofreciendo a los demás de un modo resumido y parcial una información recogida a través de muchas horas de comunicación íntima, una información en la que se ofrece un conocimiento que, no lo olvidemos, sólo en parte es consciente, porque también hay un conocimiento procedimental del manejo intersubjetivo del vínculo, que no lo es.

 

En cuanto a este último punto, creo que transmití mejor los contenidos temáticos de la historia de María, y el impacto de estos hizo que los asistentes se centraran más en ello, sin embargo tengo la sensación de no haber transmitido bien cierta cualidad específica de la modalidad psíquica de la paciente, de su forma de funcionar y de vincularse conmigo. Y digo esto porque hay muchas intervenciones que veo realmente lúcidas, con las que me identifico teóricamente, pero que a la hora de ponerlas en práctica con mi paciente real, creo que no son posibles, porque fracasan incluso antes de poder empezar.

 

Pondré un ejemplo de esto. Me pareció extraordinariamente atinada la descripción que hizo Enrique sobre la figura de la madre de María, y del daño que había recibido María al no poder compartir la realidad vivida con ella, para poder constituirla como realidad mental. Sin embargo, cuando yo le digo a María que me dé ejemplos concretos de sus recuerdos con su padre o con su madre, ella se revuelve, se zafa con humor, o se enfrenta conmigo y me dice si pretendo que ella sufra. Es algo que ha ocurrido muchas veces. La María real necesita llevar ella las riendas de lo que se explora en el tratamiento, yo puedo intervenir, pero mis peticiones las ve como intrusivas y no de acuerdo con sus posibilidades, debido a su sufrimiento, a su ansiedad. Me contesta con un “¡Pero qué dices!, ¡qué gracia tienes!, ¿quieres que me dé algo (que me desmaye)?” con una mezcla de humor y de enfado, siempre cierta agresividad disfrazada con una máscara de humor. Ella no se va a centrar en sus recuerdos para contármelos porque yo se lo diga, ella lo hará sólo cuando se sienta fuerte y lo necesite, pero no con la presión de que yo se lo pida. Así funciona.

 

Lo mismo me ocurre si pienso en otras propuestas, especialmente en una que yo encuentro muy razonable, la de pedirle que intentemos lo de la medicación de nuevo.

 

Sin embargo, intenté tocar ese tema porque me preguntaba si no estaría yo siendo muy rígida en mi visión de María, acoplándome a su actitud en demasía. Resolví plantearlo en una sesión en que precisamente ella se quejaba de que olvidaba mucho las cosas, como por ejemplo, lo que habíamos hablado la semana pasada. Le dije que quizá una medicación podía ayudarla en esos problemas generalizados de memoria que tanto la afectaban, incluso a la hora de estudiar, problemas que se habían desarrollado a raíz de su pasado traumático. Transcribo las notas postsesión:

 

Durante la primera parte de la sesión nos engarzamos en una discusión de las de alto nivel emocional. Pendiente de mi propia actitud, noto que voy sintiéndome enfadada, en una lucha de poder. Todo ocurre porque ella viene preguntando por qué será que se le olvidan las cosas, como la sesión de la semana pasada, que no se acuerda… y entonces yo aprovecho para hablarle de que una medicación podría irle bien para esos problemas de memoria. De ahí, ella siente que yo la estoy llamando loca (no está del todo equivocada, pienso en antipsicóticos), y se pone a la defensiva, agresiva de un modo sutil, ella misma se define después como “sádica”. Insiste en que no la entiendo, que lo que le pasa es que su mente no quiere recordar, no que haya un deterioro de su memoria. No le sirven de nada mis explicaciones de que tras traumas importantes muchas funciones se alteran y que una medicación podría ayudar a mejorar eso, ella lo ha entendido demasiado bien -mi intención de que tome antipsicóticos. Sin saber de psicología me transmite con sus propio vocabulario, pero de un modo extraordinariamente preciso, que su problema es dinámico exclusivamente, no cognitivo. Y se aleja y me ataca por planteárselo siquiera. Argumenta que ella ni siquiera ha intentado ponerse a funcionar, porque no quiere, porque algo dentro de ella no quiere tener clara su mente, que de eso se trata, lo entienda yo o no, y piense yo lo que quiera pensar… que respeta que yo opine lo que sea, pero no está dispuesta a hablar más del tema (sonriendo sarcásticamente, agresividad contenida)…

 

Al final conseguimos salir de eso, porque ambas tenemos práctica en solucionar nuestros conflictos. Yo abandono la lucha. Le digo simplemente que la he notado agresiva, que creo que le ha molestado porque ha sentido que yo la llamaba loca y se ha puesto a la defensiva. Ella me confirma eso, lo ve como algo suyo y me pregunta, “pero realmente ¿tú me has llamado loca?”, dice que eso la pone rabiosa, más bien, la pone sádica. Que una parte de su mente es muy destructiva, es como su padre, es sádica, y que tiene que tener cuidado…

 

Después continúa hablándome sobre otras cosas: sobre el problema con una asignatura en que la profesora ha sido borde con ella, dominante, y no piensa tolerarlo. Y por otro lado que tiene problemas para dar con un profesor de química con quien ella entienda y se sienta a gusto y le ha puesto un mail a Aurora porque ella es su profesora oficialmente, y teme que no lo abra siquiera, porque Aurora piensa que ella (María) le quiere hacer daño. También que sigue sintiéndose mal por Irene, que se siente que ella (María) ya no es la niña buena, sino la mala, por no cumplir el deseo de Irene de ir a hablar con ella (no puede tolerar que el otro piense o le transmita de algún modo que ella es “mala” si no cumple sus deseos).

 

Mi sensación de hoy es que desde luego no puedo insistir en la medicación, ella no está dispuesta. Y que no supe transmitir en Forum lo imposible e inadecuado de pretender llevar a esta mujer a donde ella no quiere ir.

 

Me parece interesante sacar consecuencias de todo esto. Creo que algo que caracterizó el debate sobre el caso de María es también característico de cómo se llevan a cabo los análisis de historiales clínicos en los últimos años, en el sentido de que actualmente ya no se presta tanta atención al contenido de las interpretaciones que se devuelven al paciente, y el énfasis se pone en el análisis de las actitudes del terapeuta y hasta qué punto hacen o no bien en la relación de tratamiento. Algo coherente con la inclinación de nuestro tiempo a desplazar el valor terapéutico de nuestra técnica hacia la relación en sí, y no tanto hacia el insight del paciente.

 

En este sentido, el foco que se explora en la marcha de un tratamiento está desplazado hacia los aspectos procedimentales de la relación, los modos de estar con el otro, que son, como ya sabemos, sólo parcialmente conscientes. Como terapeutas, el interés está en que analicemos continuamente -con posterioridad la mayor parte de las veces- cómo nos estamos colocando ante el paciente, porqué y hasta qué punto está siendo o no útil. En otras palabras, nuestras modalidades-de-estar-con el paciente, que a veces nos llevan a actuaciones que también pueden ser útiles si se exploran.

 

Y en esta línea, yo creo que en el debate del caso María se analizaron dos temas importantes, pero también que hubo otro cuya importancia no quedó del todo clara. Los primeros dos temas fueron: la paciente necesita que mi actitud sea la de creerla, y la paciente necesita que mi actitud hacia ella sea transparente. En cuanto al tercer tema, yo sostengo que la paciente necesita que mi actitud sea la de dejar que ella, en cierta medida, lleve las riendas del vínculo en el tratamiento, específicamente sobre el grado y la manera en que se deja influir o ayudar por mí. Esto ocurre porque ella siente un gran temor a que se “tome posesión de su mente”, necesita estar a la defensiva, no puede sentir que se deja influir porque eso la devuelve a su experiencia traumática de haber sido conducida y presionada, apoyándose el otro en sus propias necesidades infantiles, para llevarla hacia donde no quiso ni debió ir. La paciente necesita, ahora, sentir que tiene el control de sí misma en la relación.

 

Es evidente que todas estas necesidades no han de ser satisfechas al cien por cien, pues tampoco eso sería terapéutico. Yo no puedo, ni debo, creerla por completo, eso supondría abandonar mi concepción de que existe mente inconsciente. Yo no puedo, ni debo, ser completamente transparente, sé que hay cosas que ella no debe escuchar, no está preparada para ello ni le haría bien. Y por último, yo no puedo, ni debo, dejar que ella lleve todo el control propiamente hablando, porque no es ella la que está en el lugar de tomar la responsabilidad de guiar el tratamiento, ése es mi papel. Pero, consciente de que estoy hablando en términos relativos, creo que si tuviera que concluir cuáles son las características de mi forma de posicionarme, mi modo de estar, mi actitud frente a ella, esos tres puntos serían descriptivos del vínculo terapéutico con María en esta fase del proceso terapéutico.

 Foro Borderline

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