Trastorno límite de la personalidad

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Terapia dialectica conductual para el TLP

La UCA ofrece un programa psicológico para personas con Trastorno Límite de la Personalidad.

Muy pocos centros lo tratan en España y las familias no saben dónde acudir.

Una hija o un hijo que tiene cambios de humor constantes, que cambia frecuentemente su opinión sobre las personas que le rodean, que tiene mucha impulsividad, que de pronto sale, apaga el teléfono y no vuelve a casa hasta el día siguiente, que tiene relaciones sexuales de riesgo, gastos compulsivos, que se autolesiona e incluso llega a tener intentos de suicidio... Convivir con una persona que padece un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) tiene un gran impacto para la familia. Y ese trastorno no sólo tiene un desgaste en los familiares sino también en la propia persona, que se siente incomprendida, desbordada por su emociones, vacía existencialmente y lo vive con un gran sufrimiento.

Las personas con trastorno límite y sus familiares afrontan ese problema con otra dificultad. No saben dónde acudir. Hay muy pocos centros a nivel nacional (tanto públicos como privados) dedicados a tratar el TLP. Y sí, hay un tratamiento que ha resultado eficaz: la terapia dialéctica conductual, de la profesora Marsha Linehan, que se lleva a cabo en Washington. Es una terapia que dura unos tres años, individual y grupal, con muchas horas de tratamiento. Ahora mismo, en España, los psicólogos están intentando adaptar ese tratamiento eficaz debido a que en su formato original es muy costoso de manera que no sería viable ni aplicarlo en el sistema de salud público ni en instituciones privadas.

Lo explican los psicólogos José M. Mestre y Lali Ruiz, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Cádiz (UCA). Los investigadores están trabajando en España en lograr una adaptación del tratamiento que reduzca los recursos pero que mantenga los beneficios; o al menos una gran parte de los beneficios. Y eso es lo que ofrece ahora la UCA: "Un programa terapéutico de cuatro meses y medio, reducido en el tiempo lo más que podemos, ya que se trata de favorecer que el paciente se mantenga en el tratamiento, debido a que una de las dificultades con pacientes límite es su asistencia prolongada al tratamiento".

El tratamiento que ofrece la UCA, dirigido por Vicente Caballo, de la Universidad de Granada, es gratuito y supone una experiencia de las pocas que existen en España que tiende una mano a muchas personas, que les proporciona una ayuda inestimable: el 2% de la población padece un trastorno límite de la personalidad. En ese 2%, nueve de cada diez son mujeres.

Otros datos indican que el 10% de las personas que acuden a Salud Mental ambulatoria tienen TLP y que ese trastorno supone el 20% de los ingresos urgentes hospitalarios por Salud Mental.

El TLP consiste en un patrón general de inestabilidad en la identidad, en sus emociones o afectividad y en las relaciones, así como una notable impulsividad que se da en diferentes contextos, explican Mestre y Ruiz. ¿Y cómo se identifica? Deben darse cinco o más de los nueve síntomas descritos a continuación, señalan.

"1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario. 2. Patrón de relaciones interpersonales inestables que se alternan entre los extremos de idealización y devaluación. 3. Alteración de la identidad. 4. Autolesiones y comportamientos e intentos suicidas. 5. Impulsividad en al menos dos áreas (gastos, conductas sexuales de riesgo, abuso de sustancias, atracones de comida, conducción temeraria...). 6. Inestabilidad afectiva (sus emociones son cambiantes). 7. Sentimientos crónicos de vacío. 8. Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla. 9. Ideación paranoide relacionada con el estrés o síntomas disociativos".

A las personas con TLP, dice Ruiz, las caracteriza un patrón constante de inestabilidad. "Sienten emociones que suben mucho y son pasajeras. Están tristes y horas después están contentos; cambian en cuestión de horas. También son inestables en cuanto a su identidad personal. No saben definirse como personas. Se van con una persona que tiene unos valores, unos intereses, y es como que se fusionan; no por caer bien, sino porque realmente no saben ellos cómo son. Y pasan del amor al odio, de alabar a una persona a rechazarla, en un día. Es una constante. Es algo que le puede pasar a cualquiera una vez. Pero en ellos es la tónica".

Mestre anota que el carácter, el temperamento, es muy genético; que viene muy determinado por diferentes razones. "Sin embargo", dice, "la construcción de la personalidad es un proceso que dura toda la vida. Si ese proceso se para, se difumina y no se termina de construir. Los problemas surgen porque el proceso no termina, no se construye. Por eso las personas con TLP no se identifican, no saben cómo definirse. Tan pronto son escrupulosos como no lo son; tan pronto son muy energéticos como muy apagados; tan pronto son muy afables y abiertos como se encierran en sí mismos. Pasan de un extremo a otro".

Ruiz indica otras características: "Desmontan su vida en un segundo. No reflexionan las consecuencias a largo plazo. Se rigen por las consecuencias a corto plazo. Por lo que me dicta mi malestar ahora y por lo que aporta placer ahora".

Las personas interesadas en participar en el programa de tratamiento pueden ponerse en contacto con los responsables a través de esta dirección de correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Fuente: Diario de Cádiz.

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