Trastorno límite de la personalidad

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Felie Giner

 

Emociones extremas, ideas recurrentes de autolesión, intentos de suicidio, cero tolerancia a la frustración, sentimiento crónico de soledad… son algunas de las definiciones que Felipe Giner hace de la patología mental que padece: trastorno límite de la personalidad. Lo cuenta en EFEsalud esperando que el 2016 sea el año de la salud mental.

Una cosa es hablar de una patología y otra muy diferente sufrirla. Son muchos los mitos y prejuicios que rodean a los problemas de salud mental. Por eso, contamos con una persona que explica cómo es el día a día con el trastorno límite de la personalidad, sus crisis y cómo ve su vida condicionada.

Felipe Giner tiene 34 años y es actor. Ha rodado películas como actor de reparto, participado en series como La que se avecina o Águila Roja, escrito dos libros y colaborado en un tercero. Ha trabajado desde los 17 años. Hoy por hoy no le importa reconocer que tiene “una discapacidad del 34%” explicando además que, después de un paréntesis, “puedo y necesito reinsertarme laboralmente para pagar terapia y medicinas”.

Para entender el trastorno límite de la personalidad también contamos con el punto de vista profesional, el de Iñaki Eguíluz , Secretario de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Cruces (País Vasco).

 

¿Qué es, para enfermo y paciente, el trastorno límite de la personalidad?

Lo primero que aclara Felipe es que los profesionales “no se ponen de acuerdo en los diagnósticos al 100%”. Algo que comparte el doctor Eguíluz, considerando que estamos ante “uno de los retos de la psiquiatría actual” por ser “un gran enigma del que tenemos más dudas que respuestas“.

Giner cuenta que es un trastorno que “nos hace tener muchos sentimientos de soledad, aunque a veces no sean reales”. Sentimiento que incluso se da estando rodeado de amigos, o sabiendo que tu familia te apoya. Es, “un sentimiento crónico de soledad” que se une a una gran “dependencia emocional, si no tengo la aprobación de mi familia cuando tomo una decisión, me hundo”.

El doctor añade que este trastorno de personalidad se da “cuando una persona con su forma de ser traspasa esta línea imaginaria de la normalidad hacia la anormalidad; presentando dificultades sobre todo adaptativas en el entorno social y/o familiar, con un deterioro en todas sus funciones”. En algunas clasificaciones, este trastorno también se cataloga como trastorno de la inestabilidad emocional de la personalidad, “siendo el concepto que mejor caracteriza esta patología”.

 

Los síntomas en el día a día

El especialista explica que “los síntomas son heterogéneos y no los hay claramente definidos”. Lo que más les caracteriza es la inestabilidad respecto a la vivencia de su propia imagen, “las relaciones interpersonales, estados de ánimo, hipersensibilidad al rechazo, intolerancia a la soledad, sentimientos de vacío, o la carencia de recursos personales para vivir consigo mismos sin angustia”.

“Tanto lo bueno como lo malo se vive mucho más intensamente”, apunta. Cambios que pueden ocurrir “en fracciones de minuto, pudiendo pasar en un día por varios estados de ánimo”. Y es que, esta montaña rusa de emociones a veces tiene pensamientos identificados que desencadenan los picos de cambio de ánimo (positivos o negativos), pero otras veces no se identifica el origen que causa el caos.

Esta forma de experimentar la vida provoca que muchas veces no puedan hacerse planes, “como nunca voy a saber cómo voy a estar no puedo hacer planes a corto plazo”, explica el protagonista. Pero para contrarrestar, Felipe tiene objetivos a largo plazo “que a veces son los que me mantienen con vida”.

La inestabilidad propia del trastorno “hace que exista una amplia comorbilidad, por lo que a veces además tienen depresión, ansiedad, trastornos de alimentación, abuso de sustancias, etc.” explica el doctor Eguíluz. El abuso de sustancias es un capítulo del pasado de Felipe, que cuenta, respecto a esta frecuente relación entre el trastorno y el consumo de tóxicos que para él era “una forma de evasión”, de no sufrir, de escapar de la realidad.

 

Autolesión, ¿Por qué?

Quizá lo peor del trastorno limite de la personalidad son las crisis, en las que vienen las ideas de autolesión, algo frecuente en esta patología. Felipe señala que su “idea recurrente es cortarse”, algo que piensa casi todas las horas de casi todos los días. Ideas que aumentan con una crisis.

Los profesionales lo explican como una forma de rebajar con dolor físico el dolor psicológico, que en las llamadas crisis llega a una intensidad insoportable. El experto también lo relaciona “con la escasa tolerancia a la frustración”. “Lo he analizado mucho, cuando sientes la emoción negativa tan alta, el daño físico hace que desconectes del emocional”, explica Giner.

Pero para el actor tiene una explicación adicional: el sentimiento de culpa. “La culpa de todos estos años, de todo lo que he hecho sufrir a mi familia- explica- hacen que necesite descargar ese daño y me castigo a mí mismo”.

“He tenido que aprender a vivir con ideas de cortarme casi en todo momento”, narra. Para evitarlo, intenta seguir la terapia de vivir en el presente “si ahora estoy mal, ya se me pasará”. “A veces piensas que la vida es una mierda, pero tienes que aprender a vivir con ello porque sino te pasas el día en la cama”.

 

Un reclamo necesario: unidades especializadas en la patología

Felipe se encuentra en dos procesos judiciales. El primero, es un recurso presentado por la empresa donde trabaja después de perder un juicio en el que se le dio la razón al actor por “un despido nulo que vulnera los derechos fundamentales”.

El segundo, forma parte de su lucha porque los pacientes del Hospital de Elda tengan de nuevo acceso a la Unidad especializada en trastorno límite de la personalidad concertada de Alicante. Una lucha que tiene un objetivo: que al menos haya una unidad pública por provincia en España.

El doctor Iñaki Eguíluz refuerza la perspectiva señalando que “la psicofarmacología es un tratamiento meramente paliativo, pues fundamentalmente el tratamiento es psicoterapéutico”, cuestión que hace que “las unidades monográficas sean unos de los grandes retos actuales”.

Una de sus labores para conseguirlo, es una recogida de firmas en change.org a la que se han unido actores de “forma solidaria” como la actriz y directora Cristina Alcázar.

También reclama, junto al colectivo de personas con enfermedad mental y sus familiares, que el 2016 sea el año de la salud mental.

Una historia valiente en la que este actor está haciendo el mejor papel de su vida: luchar por sus derechos. Si el 2016 no es el año de la salud mental, al menos hagamos que los prejuicios y mitos se derrumben, y otorguemos a los problemas de salud mental el abordaje y la importancia que necesitan.

 

Fuente: MADRID/EFE/ROCÍO GALÁN

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