Trastorno límite de la personalidad

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Noticias sobre el trastorno límite de la personalidad

Hospital Sant Joan lanza programa trastorno de la personalidad

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hospital sant joan lanza programa trastorno de personalidad

El Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Sant Joan de Alicante, dirigido por el doctor Vicente Elvira, ha puesto en marcha en su Hospital de Día un programa monográfico dirigido al abordaje integral del paciente con trastorno grave de la personalidad. De esta manera, se convierte en el primer Hospital de Día de Salud Mental de la comunidad que ofrece un servicio de estas características.

Este programa, que ha comenzado a funcionar con 19 plazas, está orientado a los pacientes cuyo diagnóstico principal está dentro de los trastornos de personalidad, especialmente aquellos casos en los que no ha sido posible una mejoría o adherencia a través del abordaje convencional ambulatorio en las Unidades de Salud Mental.

En él se proporciona tratamiento específico, con intervenciones individuales y grupales, de manera intensiva, estructurada e interdisciplinar, tanto al paciente como a su familia. En este sentido, el Hospital de Día está formado por un equipo de profesionales en el que se encuentran un psiquiatra, Pedro Iborra; un psicólogo, Juan Torres; una trabajadora social, Luisa Torres, y una enfermera, Rosa Albert.

Los pacientes son derivados desde las Unidades de Salud Mental de los Departamentos de Sant Joan y Alicante, pudiendo derivarse desde otros recursos a través de éstas.

“Para entender el concepto de trastorno de la personalidad hay que salirse del concepto clásico de enfermedad. Se trata de personas que tienen unos patrones de personalidad determinados que les generan dificultades en el día a día. En realidad, es una forma de entender el mundo y de reaccionar ante él”, sostiene Elvira.

Por ejemplo, ante una situación de estrés, responden de forma intensa, teniendo dificultades para volver al estado de estabilidad basal. “Su inestabilidad funciona a tres niveles, el emocional, el de las relaciones personales y en la identidad como individuo”, precisa el jefe de Psiquiatría de Sant Joan.

A través de este programa se pretende, en líneas generales, “trabajar esa inestabilidad emocional y las dificultades en su funcionamiento psicosocial, actuando en algunos casos como transición entre la Unidad de Hospitalización y la reintegración en la comunidad, evitando a estos pacientes las estancias hospitalarias excesivamente prolongadas”, explica Pedro Iborra.

Además, este dispositivo pretende optimizar los recursos sanitarios, evitando la hiperfrecuentación en la demanda asistencial, con una alta probabilidad de ingresos, asociada a algunos de estos pacientes.

Los objetivos a largo plazo del programa son consolidar la mejoría clínica del paciente, aumentar su autonomía, mejorar el  funcionamiento interpersonal y social, la adherencia a las Unidades de Salud Mental y prevenir las crisis y recaídas.
El tratamiento, que incluye a pacientes y familiares, abarca intervenciones individuales, que se centran en aspectos como el farmacológico, el manejo de los rasgos más disfuncionales, la intervención en crisis, etc., así como intervenciones de carácter grupal. “En el Hospital de Día de Sant Joan éstas cobran una especial relevancia. Llevamos a cabo en grupo diversos talleres, como los de psicoeducación, autoestima, habilidades sociales, terapia icónica, mindfulness, ejercicio, ocio y tiempo libre, autocuidados, hábitos saludables y grupo de familias”, detalla Juan Torres.

Recientemente se ha introducido el novedoso programa STEPPS, qué está presente en muy pocos centros de España, basado en el entrenamiento grupal de habilidades para pacientes con trastorno límite de la personalidad (TLP). “Durante un período aproximado de seis meses, a partir del cual se considera que se pueden producir cambios, vamos a entrenar con ellos habilidades para la regulación de las emociones y las conductas. Por la gravedad de su sintomatología, el abordaje desde el nivel ambulatorio resulta más complejo; aquí trabajamos todo el equipo con ellos a diario”, señala Iborra.

Lo novedoso es el formato de implantación del programa, ya que, a partir del mes de septiembre, los pacientes incluidos en el programa STEPPS tendrán continuidad en el Centro Dr. Esquerdo, donde acudirán durante un año cada 15 días a terapia grupal, como complemento al tratamiento ambulatorio en su unidad de salud mental. “Con esto conseguimos una intervención a largo plazo, asegurando la coordinación de recursos y la continuidad en el tratamiento que estos pacientes necesitan”, indica el psicólogo del Hospital de Día.

Nuevo tratamiento para el TLP en Cádiz

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Terapia dialectica conductual para el TLP

La UCA ofrece un programa psicológico para personas con Trastorno Límite de la Personalidad.

Muy pocos centros lo tratan en España y las familias no saben dónde acudir.

Una hija o un hijo que tiene cambios de humor constantes, que cambia frecuentemente su opinión sobre las personas que le rodean, que tiene mucha impulsividad, que de pronto sale, apaga el teléfono y no vuelve a casa hasta el día siguiente, que tiene relaciones sexuales de riesgo, gastos compulsivos, que se autolesiona e incluso llega a tener intentos de suicidio... Convivir con una persona que padece un Trastorno Límite de la Personalidad (TLP) tiene un gran impacto para la familia. Y ese trastorno no sólo tiene un desgaste en los familiares sino también en la propia persona, que se siente incomprendida, desbordada por su emociones, vacía existencialmente y lo vive con un gran sufrimiento.

Las personas con trastorno límite y sus familiares afrontan ese problema con otra dificultad. No saben dónde acudir. Hay muy pocos centros a nivel nacional (tanto públicos como privados) dedicados a tratar el TLP. Y sí, hay un tratamiento que ha resultado eficaz: la terapia dialéctica conductual, de la profesora Marsha Linehan, que se lleva a cabo en Washington. Es una terapia que dura unos tres años, individual y grupal, con muchas horas de tratamiento. Ahora mismo, en España, los psicólogos están intentando adaptar ese tratamiento eficaz debido a que en su formato original es muy costoso de manera que no sería viable ni aplicarlo en el sistema de salud público ni en instituciones privadas.

Lo explican los psicólogos José M. Mestre y Lali Ruiz, de la Facultad de Psicología de la Universidad de Cádiz (UCA). Los investigadores están trabajando en España en lograr una adaptación del tratamiento que reduzca los recursos pero que mantenga los beneficios; o al menos una gran parte de los beneficios. Y eso es lo que ofrece ahora la UCA: "Un programa terapéutico de cuatro meses y medio, reducido en el tiempo lo más que podemos, ya que se trata de favorecer que el paciente se mantenga en el tratamiento, debido a que una de las dificultades con pacientes límite es su asistencia prolongada al tratamiento".

El tratamiento que ofrece la UCA, dirigido por Vicente Caballo, de la Universidad de Granada, es gratuito y supone una experiencia de las pocas que existen en España que tiende una mano a muchas personas, que les proporciona una ayuda inestimable: el 2% de la población padece un trastorno límite de la personalidad. En ese 2%, nueve de cada diez son mujeres.

Otros datos indican que el 10% de las personas que acuden a Salud Mental ambulatoria tienen TLP y que ese trastorno supone el 20% de los ingresos urgentes hospitalarios por Salud Mental.

El TLP consiste en un patrón general de inestabilidad en la identidad, en sus emociones o afectividad y en las relaciones, así como una notable impulsividad que se da en diferentes contextos, explican Mestre y Ruiz. ¿Y cómo se identifica? Deben darse cinco o más de los nueve síntomas descritos a continuación, señalan.

"1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginario. 2. Patrón de relaciones interpersonales inestables que se alternan entre los extremos de idealización y devaluación. 3. Alteración de la identidad. 4. Autolesiones y comportamientos e intentos suicidas. 5. Impulsividad en al menos dos áreas (gastos, conductas sexuales de riesgo, abuso de sustancias, atracones de comida, conducción temeraria...). 6. Inestabilidad afectiva (sus emociones son cambiantes). 7. Sentimientos crónicos de vacío. 8. Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla. 9. Ideación paranoide relacionada con el estrés o síntomas disociativos".

A las personas con TLP, dice Ruiz, las caracteriza un patrón constante de inestabilidad. "Sienten emociones que suben mucho y son pasajeras. Están tristes y horas después están contentos; cambian en cuestión de horas. También son inestables en cuanto a su identidad personal. No saben definirse como personas. Se van con una persona que tiene unos valores, unos intereses, y es como que se fusionan; no por caer bien, sino porque realmente no saben ellos cómo son. Y pasan del amor al odio, de alabar a una persona a rechazarla, en un día. Es una constante. Es algo que le puede pasar a cualquiera una vez. Pero en ellos es la tónica".

Mestre anota que el carácter, el temperamento, es muy genético; que viene muy determinado por diferentes razones. "Sin embargo", dice, "la construcción de la personalidad es un proceso que dura toda la vida. Si ese proceso se para, se difumina y no se termina de construir. Los problemas surgen porque el proceso no termina, no se construye. Por eso las personas con TLP no se identifican, no saben cómo definirse. Tan pronto son escrupulosos como no lo son; tan pronto son muy energéticos como muy apagados; tan pronto son muy afables y abiertos como se encierran en sí mismos. Pasan de un extremo a otro".

Ruiz indica otras características: "Desmontan su vida en un segundo. No reflexionan las consecuencias a largo plazo. Se rigen por las consecuencias a corto plazo. Por lo que me dicta mi malestar ahora y por lo que aporta placer ahora".

Las personas interesadas en participar en el programa de tratamiento pueden ponerse en contacto con los responsables a través de esta dirección de correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Fuente: Diario de Cádiz.

Casos de trastorno límite de la personalidad van en aumento

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Trastorno limítrofe de la personalidad

El trastorno límite de la personalidad, también conocido como borderline, ha ido en aumento entre la población en los últimos años, aseguró la especialista Mileva Grijalva Jiménez.

La encargada del departamento Clínico del Centro Comunitario de Salud Mental (CCSM) No. 1 del IMSS en Jalisco, señaló que las manifestaciones de esta afectación psiquiátrica suelen hacerse presentes desde edades tempranas pero puede confundirse con otro tipo de trastornos.

“Son personas muy inestables, tienen muchos cambios de humor, de estado de ánimo, y de ahí viene aquel dicho que se ha vuelto común: ‘soy bipolar’, pero en realidad no, se trata de trastorno límite de la personalidad”, precisó la experta del Seguro Social.

Indicó que otra característica del trastorno límite de la personalidad es la idealización en sus relaciones interpersonales.

“Tienden a la devaluación personal y a la idealización hacia otras personas; te acaban de conocer y te cuentan toda su vida, se abren con mucha confianza y en el día te aman, pero les dices a algo que no les gusta y te odian”, indicó.

Debido a esto, señaló la especialista en salud mental, sus relaciones no son duraderas o permanentemente se deterioran, de hecho es común ver que no tienen amistades de antaño, sino prácticamente con quienes conviven en círculos sociales, son gente nueva.

Grijalva Jiménez añadió que algo típico de estos pacientes es que no obedecen límites y frecuentemente se muestran ansiosos, actuando por impulsos cortos que por lo regular no logran controlar.

Señaló que es común hospitalizarlos por cuadros depresivos que incluso pudieron llevarlos a algún tipo de conducta autodestructiva como el cutting (autolesionarse el cuerpo, infringiéndose cortadas), tentativas suicidas, o incurrir en adicciones, entre otras.

“La depresión los lleva a ver como secundarios este tipo de desórdenes de la personalidad, ya que suelen deprimirse fácilmente porque experimentan vacíos emocionales que los lleva a un punto de no sentir placer o gusto por la vida”, indicó.

Como parte de los síntomas que pueden alertar a los familiares sobre este padecimiento, además de los antes mencionados figura el cambio de apariencia porque suelen descuidarse en su aspecto e incluso en su higiene, y pueden tener pérdidas o ganancias de peso corporal dramáticas debido a la ansiedad que les aqueja.

Se estima que el trastorno límite de la personalidad afecta a casi un 2% de la población en general, con una incidencia mayor en las mujeres con hasta tres casos por cada varón.

Fuente: Notimex

El TLP podría detectarse mucho antes de los primeros síntomas

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Peter Fonagy

 

Sentirse vacío o abrumado por emociones muy intensas, con altibajos anímicos frecuentes, ataques de ira e incapacidad para relacionarse adecuadamente son algunos de los síntomas que experimentan quienes padecen trastorno límite de la personalidad, también llamado borderline, o trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad, el más frecuente de todos los que afectan a la personalidad.

La forma de resolver esas sensaciones intensas pasa en muchos casos por autolesionarse, haciéndose cortes, quemaduras o golpeándose. Con ello, quienes lo padecen, tratan de regular sus emociones, castigarse o expresar su dolor. Las primeras manifestaciones aparecen hacia la adolescencia, y se da en mayor proporción en mujeres.

Aunque no se puede diagnosticar trastorno límite de la personalidad como tal hasta pasados los 18 años, esos síntomas ya apuntan a un desarrollo anómalo de la personalidad, explica la psiquiatra Beatriz Payá, vocal de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente. AEPNYA fue anfitriona, el pasado mes de junio, del 16 congreso internacional de esta especialidad que se celebró en Madrid y que reunió a más de 1.300 expertos.

Entre los asistentes estaba el psicólogo Peter Fonagy, jefe del departamento de Psicología Clínica, Educativa y de la Salud del University College de Londres. Fonagy, que centra sus investigaciones en averiguar cómo la experiencia social temprana y el ambiente familiar influyen en el desarrollo de la personalidad, cree que durante la niñez pueden detectarse ya los primeros signos del trastorno límite de la personalidad y, lo más importante, actuar sobre ellos.

 

Problemas emocionales

«Es bastante probable que podamos detectarlo mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas e intervenir. Hay que prestar atención a los niños que tienen una combinación de problemas emocionales y de comportamiento. En particular, problemas con su sentido de identidad, en las relaciones interpersonales, de atención, o de hostilidad. Cuando se da una combinación de ellos aumenta el riesgo de desarrollar trastorno límite de la personalidad. Mi esperanza es que identificando esos signos, podamos intervenir para que no sientan la necesidad de herirse o tomar una sobredosis, y evitar que el ambiente en casa esté crispado. Creo que hay un gran potencial en la intervención temprana en este grave desorden de la personalidad», explicaba a ABC. Y es que, indica, este trastorno es uno de los que mejor responde al tratamiento, si se detecta a tiempo.

Como en la mayoría de los trastornos psiquiátricos, se nace con una vulnerabilidad de origen genético. «Tal vez la vulnerabilidad se deba a que experimentan las emociones de forma muy intensa, a las dificultades para relacionarse con la gente, o para comunicar lo que sienten». Pero el detonante habría que buscarlo en el entorno, que puede modificar la forma en que los genes se expresan a lo largo de la vida.

Contexto social

El contexto social puede hacer cambiar la prevalencia, explica Fonagy. «En países con gran diferencia entre ricos y pobres la prevalencia del trastorno límite de la personalidad aumenta. En los países más homogéneos en cuanto a recursos, ya sean ricos o pobres, como Noruega o China, respectivamente, donde todos son iguales, la prevalencia es más baja. En estructuras sociales desintegradas el trastorno límite de la personalidad es más común. Y cuando la gente siente el apoyo de una estructura social estable hay menos síntomas».

Además, las experiencias tempranas de abandono o violencia parecen actuar como detonantes para la aparición de este trastorno que afecta casi a un 2% de la población. El vínculo afectivo que se establece con las figuras de referencia materna y paterna en los primeros años también parece influir. Los estilos de apego inseguros o inestables aumentan el riesgo. Y el aprendizaje de esas primeras relaciones inadecuadas podría estar detrás del excesivo miedo al rechazo y al abandono que muestran las personas con trastorno límite de la personalidad.

En nuestro país es frecuente ver casos de adolescentes llevados a la consulta del psiquiatra o psicólogo por sus padres, que detectan autolesiones en sus hijos, explica la doctora Payá. En opinión de Fonagy, estas manifestaciones «son adaptaciones ante unos sentimientos que les sobrepasan y que les hacen sentir muy mal. Creo que este trastorno es el más angustioso de todos los que afectan a la personalidad. No podemos hacernos una idea de la angustia que sufren estas personas», explica.

En la frontera de la psicosis

De hecho, el trastorno límite de la personalidad o TLP está en la frontera o límite de la psicosis, por eso recibe el nombre de límite o borderline, que le fue otorgado en 1938 por el psicoanalista Adolf Stern. Fonagy utiliza el método de la «mentalización» para mejorar la regulación emocional, que tanto sufrimiento les genera. La capacidad de las personas con trastorno límite de la personalidad para interpretar las intenciones de los demás está deteriorada, asegura. Es necesario ayudarles a interpretarlas de forma adecuada para que no las sientan como una amenaza: «Es un enfoque diferente al que se utiliza para la depresión, la ansiedad o el TDAH. No hay que hacerles sentir que eres un experto que dice lo que deberían o no hacer. Es importante ponerse en su lugar y tratar de ver los problemas como ellos. Hay que enseñarles a pensar sobre lo que les ocurre (mentalizarse) pues por alguna razón, biológica o no, no lo hacen y perciben el mundo de forma diferente, lo que les causa dolor. Pensar sobre ello les ayuda a sentirse mejor», explica.

Fuente: Pilar Quijada, ABC Salud

Conviviendo con el trastorno límite de la personalidad

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Felie Giner

 

Emociones extremas, ideas recurrentes de autolesión, intentos de suicidio, cero tolerancia a la frustración, sentimiento crónico de soledad… son algunas de las definiciones que Felipe Giner hace de la patología mental que padece: trastorno límite de la personalidad. Lo cuenta en EFEsalud esperando que el 2016 sea el año de la salud mental.

Una cosa es hablar de una patología y otra muy diferente sufrirla. Son muchos los mitos y prejuicios que rodean a los problemas de salud mental. Por eso, contamos con una persona que explica cómo es el día a día con el trastorno límite de la personalidad, sus crisis y cómo ve su vida condicionada.

Felipe Giner tiene 34 años y es actor. Ha rodado películas como actor de reparto, participado en series como La que se avecina o Águila Roja, escrito dos libros y colaborado en un tercero. Ha trabajado desde los 17 años. Hoy por hoy no le importa reconocer que tiene “una discapacidad del 34%” explicando además que, después de un paréntesis, “puedo y necesito reinsertarme laboralmente para pagar terapia y medicinas”.

Para entender el trastorno límite de la personalidad también contamos con el punto de vista profesional, el de Iñaki Eguíluz , Secretario de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP) y Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Cruces (País Vasco).

 

¿Qué es, para enfermo y paciente, el trastorno límite de la personalidad?

Lo primero que aclara Felipe es que los profesionales “no se ponen de acuerdo en los diagnósticos al 100%”. Algo que comparte el doctor Eguíluz, considerando que estamos ante “uno de los retos de la psiquiatría actual” por ser “un gran enigma del que tenemos más dudas que respuestas“.

Giner cuenta que es un trastorno que “nos hace tener muchos sentimientos de soledad, aunque a veces no sean reales”. Sentimiento que incluso se da estando rodeado de amigos, o sabiendo que tu familia te apoya. Es, “un sentimiento crónico de soledad” que se une a una gran “dependencia emocional, si no tengo la aprobación de mi familia cuando tomo una decisión, me hundo”.

El doctor añade que este trastorno de personalidad se da “cuando una persona con su forma de ser traspasa esta línea imaginaria de la normalidad hacia la anormalidad; presentando dificultades sobre todo adaptativas en el entorno social y/o familiar, con un deterioro en todas sus funciones”. En algunas clasificaciones, este trastorno también se cataloga como trastorno de la inestabilidad emocional de la personalidad, “siendo el concepto que mejor caracteriza esta patología”.

 

Los síntomas en el día a día

El especialista explica que “los síntomas son heterogéneos y no los hay claramente definidos”. Lo que más les caracteriza es la inestabilidad respecto a la vivencia de su propia imagen, “las relaciones interpersonales, estados de ánimo, hipersensibilidad al rechazo, intolerancia a la soledad, sentimientos de vacío, o la carencia de recursos personales para vivir consigo mismos sin angustia”.

“Tanto lo bueno como lo malo se vive mucho más intensamente”, apunta. Cambios que pueden ocurrir “en fracciones de minuto, pudiendo pasar en un día por varios estados de ánimo”. Y es que, esta montaña rusa de emociones a veces tiene pensamientos identificados que desencadenan los picos de cambio de ánimo (positivos o negativos), pero otras veces no se identifica el origen que causa el caos.

Esta forma de experimentar la vida provoca que muchas veces no puedan hacerse planes, “como nunca voy a saber cómo voy a estar no puedo hacer planes a corto plazo”, explica el protagonista. Pero para contrarrestar, Felipe tiene objetivos a largo plazo “que a veces son los que me mantienen con vida”.

La inestabilidad propia del trastorno “hace que exista una amplia comorbilidad, por lo que a veces además tienen depresión, ansiedad, trastornos de alimentación, abuso de sustancias, etc.” explica el doctor Eguíluz. El abuso de sustancias es un capítulo del pasado de Felipe, que cuenta, respecto a esta frecuente relación entre el trastorno y el consumo de tóxicos que para él era “una forma de evasión”, de no sufrir, de escapar de la realidad.

 

Autolesión, ¿Por qué?

Quizá lo peor del trastorno limite de la personalidad son las crisis, en las que vienen las ideas de autolesión, algo frecuente en esta patología. Felipe señala que su “idea recurrente es cortarse”, algo que piensa casi todas las horas de casi todos los días. Ideas que aumentan con una crisis.

Los profesionales lo explican como una forma de rebajar con dolor físico el dolor psicológico, que en las llamadas crisis llega a una intensidad insoportable. El experto también lo relaciona “con la escasa tolerancia a la frustración”. “Lo he analizado mucho, cuando sientes la emoción negativa tan alta, el daño físico hace que desconectes del emocional”, explica Giner.

Pero para el actor tiene una explicación adicional: el sentimiento de culpa. “La culpa de todos estos años, de todo lo que he hecho sufrir a mi familia- explica- hacen que necesite descargar ese daño y me castigo a mí mismo”.

“He tenido que aprender a vivir con ideas de cortarme casi en todo momento”, narra. Para evitarlo, intenta seguir la terapia de vivir en el presente “si ahora estoy mal, ya se me pasará”. “A veces piensas que la vida es una mierda, pero tienes que aprender a vivir con ello porque sino te pasas el día en la cama”.

 

Un reclamo necesario: unidades especializadas en la patología

Felipe se encuentra en dos procesos judiciales. El primero, es un recurso presentado por la empresa donde trabaja después de perder un juicio en el que se le dio la razón al actor por “un despido nulo que vulnera los derechos fundamentales”.

El segundo, forma parte de su lucha porque los pacientes del Hospital de Elda tengan de nuevo acceso a la Unidad especializada en trastorno límite de la personalidad concertada de Alicante. Una lucha que tiene un objetivo: que al menos haya una unidad pública por provincia en España.

El doctor Iñaki Eguíluz refuerza la perspectiva señalando que “la psicofarmacología es un tratamiento meramente paliativo, pues fundamentalmente el tratamiento es psicoterapéutico”, cuestión que hace que “las unidades monográficas sean unos de los grandes retos actuales”.

Una de sus labores para conseguirlo, es una recogida de firmas en change.org a la que se han unido actores de “forma solidaria” como la actriz y directora Cristina Alcázar.

También reclama, junto al colectivo de personas con enfermedad mental y sus familiares, que el 2016 sea el año de la salud mental.

Una historia valiente en la que este actor está haciendo el mejor papel de su vida: luchar por sus derechos. Si el 2016 no es el año de la salud mental, al menos hagamos que los prejuicios y mitos se derrumben, y otorguemos a los problemas de salud mental el abordaje y la importancia que necesitan.

 

Fuente: MADRID/EFE/ROCÍO GALÁN

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