482 palabras de basura emocional.

Anitsirc

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Ánimo
Desubicada.
Me siento tenebrosamente sola: tengo por delante todavía más de dos semanas de estudio de exámenes de la universidad, y me siento, como no es de extrañar, desesperanzada.

Largas horas, en largos días, sentada en el escritorio frente a una gran ventana por la que entra una luz inmensa, y yo soy nervio o lágrima, pero nada más. Siento a todo el mundo muy lejos, y el tiempo pasa mientras batallo por llevar el horario de estudio a rajatabla al tiempo que mi mente navega entre sus ficciones para justificar esta ansiedad que no tiene causa.

Siento como el aprecio ha desaparecido para dejar lugar a este desamparo, a la vez que se que es por mi forma de percibir las cosas, y no puedo recriminar a nadie que no este conmigo; porque pocos son los que quedan cerca, y porque es una época en la que todos estamos encerrados con los libros.

A la vez, veo mis expectativas de llegar lejos como estudiante de literatura cada vez más mermadas, si no tengo fuerzas para estudiar... dónde pretendo llegar...

Pero lo más decepcionante es que se que pasará, como siempre pasa todo, pasan los días, pasa el dolor, vuelve, pasa, vuelve a volver y vuelve a pasar; no es que no haya nada bueno en la vida, es que estoy agotada de arrastrarme por ella para, de vez en cuando, poder pararme a saborear de lejos alguno de los placeres que todos disfrutan continuamente.

Hace tiempo dejé atrás la época de los excesos, la época de hacer lo que me apetecía en el momento para llenar este vacío, ya fuera hablarle a un chico que no conocía de nada y hacerme su más íntima confidente, como de pasar tres días acostadas y al cuarto salir de fiesta y beberme todo el alcohol del local. Pero ya ni me siento orgullosa por eso... este vacío es tan grande, que tanto aquel caos como esta excesiva y calmada distancia de todo me parecen igual de irónicos y terribles castigos.

Y solo me queda un paquete de clinex...

Eso me recuerda que el otro día, estaba en crisis, y estaba con mi novio. Miré al lugar donde tengo una planta y recordé que llevaba 3 semanas sin regarla, y monté en colera porque no la había regado y la estaba matando. Mi novio, con su infinita paciencia, se levanto sonriendo y dijo: no pasa nada, vamos a regarla, y así lo hizo. Luego miro a un lugar donde tengo unas fotos y me dijo señalando a una en la que salgo con un perro que tuve hace tiempo, que no le sonaba cual era ese perro. Y monté en colera porque fue mi primer perro, el cual tuvimos que sacrificar. Y venga a llorar.

Al día siguiente fue gracioso recordarlo. Imagino que ser así también tiene su parte humorística visto desde fuera.

Besos a todos.
 
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