Trastorno límite de la personalidad

trastornolimite.com
Trastorno límite de la personalidad (TLP)

Blogs de afectados de trastorno limite de la personalidad

Su aliento

su-aliento - Blog borderline

 

Aun me gusta sentir la soledad, deslizar mi mano sobre su
seda… aun amo tus labios, desnudos de todo atisbo que muestre tus deseos.


Danzo junto a la vida y mi vida solo anhela la muerte.


Agotada.


Exhausta.


Fracasada en un intento que no tuvo comienzo, fracasada
ante tus ojos de luz de luna…


Ya vuelven los temores a acecharme cada noche, ya buscan
desgarrar mi ánima bajo sus dedos vacuos… y mi alma abierta
ofrece mis sueños, que danzan a este son del llanto,
florecidos desde el miedo…


Cierro los ojos y veo la nostalgia atacar bajo mis sabanas…


Lloro al compás del viento, me susurra que morir no es más
que el precio a pagar por el sufrimiento que cause.


(Mal momento, para decidir si fue el silencio quien rompió
mis mil esquemas de vida bohemia y mis anhelados sueños.)


Y es su mirada aquella que deprime mis miradas bajo la nada
de ver envuelto en llamas un futuro que ansiaba para
resurgir del infierno al que me condené…


Ama…y desgarra las palabras que regalo al viento.


Sueña… que mi alma ya murió en poemas y decidió cerrar sus
ojos a las penas y alegrías que pudieran entregar cubiertas de flores muertas.


Olvida el tiempo, el espacio ya esta muerto, la distancia
es el puente que une los lamentos de quererse bajo el
miedo, de ver pasar el tiempo, de ver romper los sueños
como lágrimas de cristal bajo el silencio.


Lloro, pero ya no lo lamento.


Grito, pero ya no tengo miedo de ver sangrar mis ojos si
por verla de nuevo tengo que volver a revolver en los recuerdos…


Me roza su aliento, noto el hielo de su ira descargar sobre
mis besos, los recuerdos que no encuentro, los abrazos que
no siento, mi sangre recorriendo el suelo en busca de otro cuerpo…


Dime donde va el silencio cuando muere entre los gritos del
miedo y los golpes en el templo que albergo tu infancia y
aquellos prohibidos juegos bajo las mantas.


Dime sin demora donde esta el cielo, yo ya encontré el
infierno, y ya no puedo pasear mas entre sus campos este
lamento sin sentir que ya he muerto bajo el manto del tiempo.

Anais

Otto Oswald Pisttburg: Mi historia

corto-maltes



Se me conoce por muchos nombres, en el colegio fui Frankie y Parrón, más tarde, en mi adolescencia, El Rojo o el Maltés. Mis nombres son también Juan Miserable o Judas Magno, pero cuando escribo un verso lo firmo como Otto Oswald Pisttburg. Algún día os contaré la vida irreal de este poéta.

Nací en el Gran Sur, y en el Gran Sur crecí... Ya sabes, esas grandes ciudades del sur de Madrid a las que aun hoy llaman "pueblos". Perdí a mi padre a corta edad, con siete años, y tenía siete hermanos, del que yo era el quinto. Siempre estuve acogido por mi madre y por mis hermanos, pero yo también tenía algo de eso de rarito; un niño depresivo. Con ocho años sufrí un tumor en la rodilla, fue muy grave, los dolores eran horribles, y el bulto que me asomaba era brutal, pero durante un año los médicos no dieron con lo que era, y yo me pasaba mañanas enteras, día si, día no, en las salas de espera de los ambulatorios. Entonces comenzó mi pasión por la lectura. Mi hermano tenía y tiene una espectacular biblioteca, y me pasaba libros para que mis esperas se hiciesen menos pesadas. Claro, que las lecturas que me pasaba no eran para un niño de ocho o nueve años, y así descubrí a Poe, Maupassant, Borges... tantos y tantos. Con doce años ya había leído El Castillo, de Kafka, y, por supuesto, la Metamorfosis. Y otras docenas de libros, muchos, que me atrajeron increiblemente

De ahí mi pasión por escribir. Jesús, un gran profesor de sexto grado, me animó a escribir más y más, y desde los once años no lo he dejado.

En octavo de EGB tuve que dejar mis estudios y ponerme a trabajar, por cuestiones puramente económicas de casa. Con trece años acompañaba de peon a familiares albañiles, para sacarme unas pesetillas. A los quince entré por fin en mi primer trabajo serio, y en la que sería mi profesión para toda la vida; el metal. Pero las presiones laborales, mi cultura distinta, mi propensión al distanciamiento y a la depresión, me hicieron decaer. En la construcción, entonces, lo habitual era beber, y mucho, y raro era el día que no terminaba borracho. Os describo un día normal de trabajo para mi: siete de la mañana, café con los compis de curro y dos copas, (yo de ponche), nueve y media, almuerzo en el taller y dos cervezas, (tercios, en quince minutos), a lo largo de la mañana algún tercio, dos de la tarde, más o menos, comida, con un litro de vino o de cerveza, (yo de cerveza), después el café de la comida, con otras dos copas, por la tarde dos o tres tercios, para amenizar la jornada, a las siete salida, acompañar a los compis y tres o cuatro tubos de cerveza, luego con los amigos, y media docena de tercios o alguno más, los viernes en lugar de cerveza pelotazos, (yo ron con cola). Los fines de semana ya ni cuento.

Nunca fui alcoholico, pero esto me llevó por malos caminos. No es bueno subirse a un andamio borracho. Con dieciocho años cambio de empresa y paso a la TALGO, soy todo un oficial de primera, diez años antes de lo previsto, y gana un dineral. La gente a mi mando me saca veinte años y no soporta que les mande un chaval, así que me hacen el vacio. El dolor es tan grande, que una noche, a eso de las tres o las cuatro de la mañana, sin dormir por la depresión, agarro una cuchilla para papel y me cortó en los brazos; la depresión desaparece, pero el destrozo es brutal. Me diagnostican TLP.

Tengo que cambiar de trabajo, pierdo la que creí era la mujer de mi vida. Entro en una empresa de puentes gruas, -siempre en el metal, siempre oficial, siempre ganando mucho dinero y trabajando como un animal-, un día, un catorce de julio de 1992, pierdo el control del todo, meto la mano en una cizalla para chapa, piso el pedal y me amputo parte del índice izquierdo.

A todo esto, he comenzado a escribir y dirigir teatro. Es algo que me encanta y con lo que me empiezo a hacer un nombre como escritor. Escribo cuentos a todas horas, -cuentos que se pierden por aquí y allá-, una obra de teatro tardo quince días en escribirla, de lo febril que me pongo, escribo poesía a mano, -nace Otto Oswald Pisttburg-. Y sigo cortándome los brazos.

Pasan los años. Medicación, -mucha-, terapia, tratamiento... He dejado el alcohol, me cuido un poco. Mantengo relaciones de una sola noche, pues no quiero agarrarme a nadie. Comienzo un curso de teatro en un instituto de mi ciudad, para dirigir al grupo en vistas a un festival. Conozco a una muchacha divina, con la que comienzo una relación estupenda. Mejoro un poco, pero sigo siendo raro, sigo cortándome para huir del dolor de dentro, y a los dos años ella me deja. Y entonces ocurre algo curioso... La vida da muchas vueltas. Esa relación que perdí a los diecinueve, reaparece a los veinticinco. Me voy a vivir con ella, que tiene un hijo al que trato como mio, y tenemos un hijo en común, durante esos años dejo de autolesionarme. Pero aparece otra pesadilla; las voces. Conozco por primera vez lo que es la despersonalización, la desrealización y las crisis psicóticas. Cada vez medicamentos más fuertes, y cada vez alucinaciones más horribles. Mi mujer me abandona, a mi y a mi hijo. Comienzo una nueva vida de padre soltero, una noche no puedo con las voces de mi cabeza y las acallo de la única manera que me ha enseñado la vida; cortándome en los brazos. Me ingresan por primera vez. Pasaré muchos ingresos, atado a la cama, vigilado hasta para hacer mis necesidades, dopado, intentando quitarme la vida.

Mis alucinaciones crecen, cada vez más. Abandono la escritura, depués de treinta obras representadas en el Gran Sur. Empiezo con paranoias, me dopan tanto que tengo que usar un collarín, pues no mantengo la cabeza erguida, y un bastón, para no caerme por la calle.

 

sinbad-Goldenvoyage



Un día, tropiezo con una psiquiatra que me anima a escribir de nuevo; son mis cartas. Cartas a personajes imaginarios, que me escuchan y me responden desde lugares remotos. Vuelvo al verso, al cuento, al teatro. Mejoro...

A día de hoy apenas me medico. No sufro alucinaciones, he salido de ese infierno. Pero apenas salgo de la cama. Escribo a trancas y barrancas, me ocupo de mi hijo, hago lo que puedo por no recaer. Pero los fantasmas me acosan, cada noche, como si se riesen esperando el momento de atacar de nuevo.

 

Otto Oswald Pisttburg

 

Desde mi silencio

desde-mi-silencio

 

Desde mi silencio…

Mis palabras vagan a la deriva entre mis labios, resbalan, inertes, cayendo al abismo junto a mis lágrimas.

Mis manos, presas del dolor del alma rota, yacen junto a mis ojos reteniendo su dolor…

Escribo, escribo y me ahogo en mis palabras que acuchillan cada sentimiento terminando con su existencia, con mi existencia, con mi vida fracasada, la cual han creado por mí sin tan solo preguntarme.

Odio. Odio y siento odiarme.

Me odio, te odio.

Odio estas malditas palabras incapaces de hacerme sacar este dolor que me quema por dentro.

Ya lo avisaron mis sueños… “una vida mejor te espera en nuestro lado, abandona…” pero cobarde incluso para morir sigo clavada en esta celda que es mi vida, que agota y extingue mi existencia entre sus labios, me besa con el beso de quien odió a su enemigo.

Cae. Cae.

Cae moribunda sobre mi cuerpo, me grita la tierra, llorando por abrazarme para siempre (halagada he de sentirme de que clame mi presencia).

Vago cansada de llorar, odiando al demonio blanco que visita noche tras noche los pies de mi lecho, al demonio negro que ocupa mi vida y oscurece cada acto, cada paso que doy…

Las estrellas deben llorar mi desconsuelo, la luna debe odiar tanto sentir…

Te ansío, te amo, te deseo, te necesito…

Escucha mis lamentos y cobíjame bajo tu ser…

Mátame muerte, mátame, aprieta mi cuello bajo tus delicados dedos y hazme llegar a mi ansiado final.

Me llamas…

Desde mi silencio…me llamas, me asaltas, requieres mi dolor para continuar en este mundo sin sentido… Gritas.

Se me va la vida…

Grita un poco más, golpea un poco más, desprecia un poco más, bebe un poco más, humilla un poco más, tan solo un poco…

Aún queda fuerza en mi interior para soportarlo… aún no me deja marchar de aquí mi cobardía…

Loca (Susana).

Loca.

Clamarán todos a mi paso… y mi cabeza de nuevo rozará el suelo en un intento de abrirlo en dos y sumergirme para siempre en su silencio…

Loca.

Suspirará cada pared que se estreche sobre mi cuerpo.

…Loca…

Y las lágrimas aún brotaran del cielo junto a mis ojos…

Amar, odiar, fingir…

Los que me afligen fingen amarme, amo a quien me aflige, desespero a quien amo…

Amamos. Odio y amo bajo una misma máscara.

Lloro. Grito. Lamento…

…Loca…

 

Anais.

En alguna ocasión

Hada triste

 

En alguna ocasión

En alguna ocasión, lloro; exprimo mis ojos hasta la saciedad, hasta la última gota de sus delirios, vacío mi vida hasta el ultimo suspiro, rasgo mi inocencia para convertirme en la anciana que llevo dentro… entonces, me acuerdo de ti, clamo tu presencia en sigiloso silencio, cansada ya de todo, abatida por el llanto, derrotada por el dolor, necesito tus abrazos, preciso tu helado beso en mis labios, mas helados aún por tu ausencia…

En alguna ocasión, lloro; y es entonces cuando el mundo se me viene encima, cuando la vida me muestra la única salida al alcance de mis manos…

Desgarré mis venas ansiando tu visita, ansiando acelerar nuestro encuentro previsto para demasiado tarde… desgarré mis últimos sueños dejándolos escapar junto a la sangre que emanaba de mi alma herida, de mi muñeca abierta llorando junto a mi, de mis venas luchando por ver la luz del sol y desprenderse de este cuerpo desdichado.

Abrí mi cuerpo en dos, intentando encontrar en un resquicio un ápice de seguridad, un recuerdo que no apuñalase mis sentidos; vertí mi sangre sobre un papel en blanco con palabras de amargura, intentando deshacerme de mi angustia, liberarme del ardor que llevo dentro… y vi de cerca tu mirada, tus ojos me observaron en silencio, sombríos como tu nombre, melancólicos como tu recuerdo, intentando acariciarme desde lejos; vislumbre tu cuerpo, pesado por la carga de un millón de almas a la espalda, cansado de vagar por estos valles recogiendo las sobras del universo.

Rocé tu mano, y apenas un segundo bastó para comprender tu soledad…

Ansié admirarte mas de cerca, y apreté mi herida en un intento de que el lamento brotara en mayor cuantía junto a mi sangre (es mas fácil abrazarte si el dolor embriaga el alma), deseé rozar tus labios, nunca conocí el amor, mas esos labios me asaltaban cada noche en forma de sueño… anhelé poder fundirme con tu cuerpo en esa misma cama, sobre las sabanas que tantas veces lloré suspirando tu nombre, arropadas con mi sangre… imploré tu forma humana para poder recorrerla con mis caricias, para poder sentir tu peso sobre mi cuerpo… con la luna acariciando nuestra piel, sentir como la vida se me iría en cada beso…

Extendí mi mano y te desvaneciste en la nada, rogabas mas sangre para hacer tu presencia mas firme, tu silueta más visible ante mis ojos, exigías mas llanto, mas dolor… que apretara mas fuerte el cuchillo contra mis venas, la distancia entre las dos se acortaba cuan mas grande era mi herida, que ardía y quemaba cada ilusión.

Continué el trazo que empecé sobre mi piel, el dibujo de tu nombre tan solo en una línea, y tus ojos frente a los míos se nublaron de temor, a solas, sollozaste tu perdón, a gritos, brame mi gratitud.

Me abandoné en el mar de tu mirada, navegué a tientas por su oscuridad, me ahogué en su soledad… tus ojos frente a los míos, que tornaron su color a tu negro sepulcral…un mismo alma debatiéndose entre las dos… alargaste tu mano hasta que rozó delicada mis labios y, con un dedo, apartaste mi llanto; me abrazaste con tu manto, me hundiste en tu regazo, temerosa, me sumí en él, olvidando mi tormento, descansando del dolor… me dormí sobre tus brazos…

Aun así…

Desperté sin saber que era un sueño.

Mis latidos retumbaron en mi cabeza torturando mis sienes, torturando mi herida que gemía en cada palpitación…

Desapareciste…

Abrí los ojos y tu regazo no era más que mi cama empapada en sangre y sal…

 

Anais

Autocontrol

Autocontrol

 

AUTOCONTROL

 

El autocontrol pasa necesariamente por el conocimiento de
uno mismo; de nuestras actitudes, sentimientos y emociones,
de nuestras reacciones en los diferentes momentos de
nuestra vida.


Yo me auto controlo escuchando música relajante,
respiraciones y un buen baño...


Debemos de intentar ver todo de forma más global, buscar el
porqué...

hay veces que buscamos fuera de nosotr@s el problema,
intentamos culpar al otro y no vemos que somos nosotr@s los
que tenemos el problema.


Intento auto controlarme continuamente, con el pensamiento
y mucha fuerza de voluntad... Cuando el "descontrol" es
casi inevitable me hago "terapia de choque", Por ejemplo,
si veo que voy a estallar en un ataque de ira, me encierro
a oscuras (cosa a la que tengo pánico) y el miedo aplaca la
agresividad...


Mis psicólogas dicen que eso es muy fuerte pero por ahora
es lo único que tengo.

Normalmente no puedo, soy puro descontrol, y entonces todo
acaba en lo mismo de siempre... o sangre, o tirar de la
cadena y adiós a mi garganta...

Se que tengo yo el problema, aunque en ese momento siento
que soy otra persona... Para eso no tengo solución.

Anais

 

Subcategorías

Blog de Anais
Cantidad de artículos:
10
Blog de Otto Oswald Pisttburg
Cantidad de artículos:
2
Blog de Ginebra
Cantidad de artículos:
3
Blog de Ofelia
Cantidad de artículos:
1

Utilizamos cookies