Trastorno límite de la personalidad

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ofelia

 

Tienes 13 años y estás encerrada en un cuarto de baño dos por dos mientras en el resto de la casa sólo oyes gritos y sillas rotas. Te sientes cobarde aunque siempre te has creído valiente. Acabas de terminar de arreglarte el recogido para el recital de piano pero coges unas tijeras y en varios cortes acabas con él. Después sigues cortando las piernas. No lo entiendes pero estás definiendo un dolor al que tu cabeza no sabe poner nombre.

 

Ese día, además, recibes unos cuantos bofetones: por estropear tu precioso pelo, por estropear tu precioso vestido de cerezas, por estropear tu precioso día.

 

Con cuatro años viste por primera vez a tu madre tirada en el suelo patada tras patada destrozando su estómago, la sangre a borbotones por la boca. Desde entonces sabes cuándo callar y cuándo hablar. Cuando tener la cama hecha y la habitación recogida. Fuiste la niña más buena, la más callada y siempre sabías cuándo sonreír para que nadie pensara que algo iba mal.

 

Con 13 años supiste de otra forma de vida o de no vida, el suicidio, que te daba miedo. Pero era una buena salida si nadie iba a rescatarte. Nada fue bonito desde entonces, los años se sucedieron en una maraña de besos y alcohol y sexo y alguna droga blanda y algún bofetón nuevo por dejar de ser la buena niña.

 

Todo se sucedió en un equilibrio inestable hasta los 19 años. Entonces un lavado de estómago, beber a diario y algunos puntos de sutura te despertaron. Antes ya habías visitado a una psicóloga inepta que te trató una depresión inexistente.

 

Ahora volvían con la depresión, con la ansiedad. Algunos fármacos que no saciaban tu sed de muerte.

 

Entre tanto, en un bar tras las clases, sola, bebiste hasta que el camarero pudo aprovecharse de ti:

 - Gracias.

- No, gracias a ti- te dijo él con una sonrisa mezquina.

 

Por fin llegó el tratamiento adecuado. El diagnóstico adecuado. No pararon, no han parado, de golpe los cortes ni sentirte fuera de tu cuerpo como si todo formara parte de una película mala francesa. Pero ahora tienes la esperanza de que en algún momento todo pasará. Ya no rompes platos, ya no gritas a destiempo. Ahora todo está en tu cabeza, pero si pudiste con aquello con esto también.

 Foro Borderline

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