Trastorno Límite de la Personalidad - TLP - Borderline

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Problemática actual en el trastorno límite de la personalidad

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Borderline

Autor: Dolores Mosquera, psicóloga, directora de INTRA-TP | Centro Logpsic

El trastorno límite de la personalidad o borderline (TLP) ha sido objeto de discusión en diversos congresos y ha dado lugar a numerosas teorías en las últimas décadas. Desde su aparición como diagnóstico “oficial” en el DSM-III (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales) en el año 1980, se han realizado múltiples investigaciones y se ha generado una gran controversia entre profesionales especialmente en torno al tratamiento y posible pronóstico. Sin duda, esto ha repercutido en el escaso y muchas veces erróneo entendimiento del trastorno por parte de los propios afectados y de sus allegados. Además, la variedad de respuestas emocionales y conductuales que presenta el paciente, al igual que las que provoca en los terapeutas y demás personas que le rodean, suelen generar gran desconcierto. 

Actualmente, en las urgencias de los hospitales, en las unidades de agudos, en las consultas privadas y en las unidades de salud mental en general, existe un gran número de personas (y familiares) que demandan ser atendidos de forma desesperada. Presentan una especie de caos emocional que interfiere enormemente en la forma de llevar la vida cotidiana con normalidad (dificultad para centrarse en los estudios, mantener un empleo, cambios constantes de objetivos y aspiraciones, problemas en las relaciones personales y en especial para mantenerse con vida sin hacerse daño). Generalmente se sienten solos, incomprendidos, confusos, perdidos, incompletos, abandonados y no entienden qué les ocurre. Se trata de personas especialmente vulnerables y sensibles.

Muchas de estas personas tienen un amplio historial clínico con frecuentes ingresos en urgencias por autolesiones recurrentes, intentos de suicidio, intoxicación por abuso de sustancias o episodios agresivos, que ponen en peligro su vida y en ocasiones, la de los demás. Muchos dicen no encontrar una identidad propia ni una explicación a su sensación de vacío, a sus reacciones impulsivas de ira y/o de autodestrucción. Generalmente son conscientes de que su percepción de la realidad difiere significativamente de la que tienen las demás personas. Pero saber esto no les hace sentir más comprendidos, sino todo lo contrario. Lo suelen expresar en frases como: "sé cómo debería de ser, qué tendría que hacer, qué sería normal que sintiera pero soy incapaz, me resulta totalmente imposible". Esa “conciencia de rareza” y su incapacidad para llevar a cabo lo que saben que podría funcionar y mejorar su calidad de vida, les lleva a sentir una gran sensación de frustración y culpabilidad.

Es común encontrar un gran abanico de variedades diagnósticas en torno a ellos: anorexia, bulimia, depresión, toxicomanía, ludopatía, cleptomanía, diferentes cuadros de ansiedad, trastorno bipolar, etc. Cualquier atisbo de duda que pueda surgir referente a un correcto diagnóstico con estas personas durante un ingreso hospitalario, se incrementará si se observa la conducta del paciente, por su gran capacidad de mimetismo y sus intentos desesperados por buscar una identidad (su propia identidad). Cuando un paciente no tiene una identidad definida y no encuentra una explicación a lo que le ocurre suele “buscar” pistas en los demás. Algo que le permita explicar su confusión y su incertidumbre, una explicación que disminuya su culpa y que a la vez, permita que los demás le comprendan. Por eso, cuando un paciente ingresa es frecuente que tome como referencia al grupo de pacientes con los que se encuentre ingresado (por ejemplo anorexia) y empiece a copiar y manifestar la sintomatología de estos, llegando a creerla propia.

Esta introducción pretende hacer reflexionar acerca de la situación en la que nos encontramos muchos profesionales. Tanto los que trabajamos habitualmente con estas personas, como los que se encuentran en formación o por primera vez ante un caso de trastorno límite de la personalidad pues el desconcierto o la sensación de no saber qué hacer suele ser frecuente.

En este curso, me gustaría establecer expectativas realistas acerca del tratamiento y atenuar la “mala prensa” que recibe este diagnóstico en cuanto al posible pronóstico. En el siguiente apartado hago una reflexión acerca de la supuesta falta de adherencia al tratamiento por parte de estas personas. Espero vuestros comentarios al respecto pues me interesa mucho vuestra opinión y la experiencia que tenéis al respecto.

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